Manos gallegas en la tragedia

GALICIA

Una pontevedresa colabora desde hace mes y medio en Darfur (Sudán) en la mayor crisis humana del planeta. «Lo peor -dice- es ver que esto no tiene solución»

11 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

En un país con un tamaño que ocupa cinco veces España se libra desde hace años una guerra civil que se lleva por delante poblaciones enteras, arrastra a millones de refugiados y deja riadas de muertos en caminos y cunetas que ya nadie cuenta. La comunidad internacional dio la espalda a Sudán, una de esas incontables catástrofes humanas, hasta que la ONU explotó y la calificó como la mayor crisis de la Tierra. Darfur es uno de los escenarios de ese país rasgado de norte a sur por el Nilo, entre Egipto y Etiopía. Hasta esa convulsa región llegó hace apenas mes y medio Isabel Grovas, de 32 años. Cambió su trabajo en un hospital de Cee, en la Costa da Morte coruñesa, para ir a un contexto casi desconocido. Casi, porque recientemente cooperó en Angola con la misma ONG, Médicos Sin Fronteras, la que la ha llevado a esa zona del oeste de Sudán. Aunque la magnitud de la tragedia no sea ni mínimamente comparable. «Me gusta mucho la cooperación internacional y tenía ganas de trabajar en un espacio inestable, en una guerra», explica esta pontevedresa por teléfono desde el campo de refugiados de Zam-Zam, en el norte de Darfur. Mejor estreno, casi imposible, aunque en el sur, comenta, la crisis es aún más traumática. 60.000 refugiados Ella es una de las profesionales que se encarga del centro nutricional del campamento montado por esa ONG. Quince mil personas mantienen a su cargo Isabel y otros cooperantes. A unos kilómetros de allí hay otro campo con 60.000 refugiados más. «Aquí no tenían nada, ni asistencia sanitaria, ni alimentos...», apunta. De entrada, mantienen a 60 niños permanentemente ingresados por su estado de desnutrición, y otros 300 acuden regularmente en busca de alimentos. Y sólo es un caso en los 2,5 millones de kilómetros cuadrados que ocupa Sudán. Leche y alimentos energéticos les suministran. La situación, anticipa, se ha ido agravando. «Antes esto parecía estar algo más calmado», comenta. Eso era antes. En las últimas semanas, con la irrupción de las primeras lluvias están apareciendo los primeros casos de malaria: «Y nos tememos que haya una propagación de epidemias. No sabemos lo que puede pasar». Cuando llegó, con un calor «insufrible», lo más complicado era dar con la población. Pese a su tamaño, apenas residen 27 millones de personas en Sudán. «Estaban escondidos en las montañas, dispersos, los pueblos destrozados y había ataques en cualquier lugar», relata rememorando las primeras exploraciones. «Es parecido a lo que ves por la tele», describe. Hay imágenes que dificilmente se le borrarán de la cabeza, las que ha visto ella directamente, como niños «de apenas doce años» que llevan un fusil en lugar de lápices de colores. Y otros heridos y mutilados por machetes o fuego hostil. A sólo una hora de su campo base se están produciendo algunos de los más salvajes combates contra la población civil. Por el momento, ellos, 22 voluntarios de Médicos Sin Fronteras, no han sufrido ataque alguno, pero saben de otras oenegés a las que sí les han robado productos y ordenadores. Niños armados «Esto es tremendo y el gobierno dice que no pasa nada, pero si escarbas un poco ves que no es así», recalca. Los niños con el arma en ristre son una de las peores cosas que ha tenido que contemplar. «Pero también ver que no hay solución, que ese conflicto está muy enraizado», agrega. Se irá en mes y medio de Darfur, cuando arranque el otoño; sólo un trimestre les da de visado el Gobierno de Jartum para que permanezcan en el país. No es la única traba que se han encontrado para operar allí: todo movimiento de un lugar a otro implica papeleo y engorro burocrático. Son las zancadillas que se encuentra quien quiere colaborar. Pero nada les frena. A diez horas en coche desde Zam-Zam, en una zona bajo mando de la guerrilla, las organizaciones humanitarias están a punto de reconstruir un hospital para prestar atención quirúrgica. Estaba hecho añicos por balazos, bombas y saqueos.