Ley de la selva en el monte

Rubén Santamarta Vicente
Rubén Santamarta ENVIADO ESPECIAL

GALICIA

R.S.

Un puñado de algodones grises, muy grises, cubre O Cebreiro. Amenaza lluvia desde hace dos días y el aviso ha sido realidad en un par de ocasiones. Con aguacero, mal día para dormir al raso si se viene de ruta; la noche del lunes al martes ya comprobaron esa alternativa un grupo de quince peregrinos italianos. Ochenta plazas se ofrecen en el albergue y otro centenar en cuatro tiendas de campaña. A ellas hay que sumar otras decenas en los siete hostales del pueblo, donde no se paga la voluntad, sino varios euros. Pero no llega. El refugio para peregrinos no abre hasta la una de la tarde, aunque cuatro horas antes ya hay visitantes a su puerta en espera de cama. Juanjo es uno de los que se han garantizado el reposo en sábanas blancas. Es el primero en una cola que a mediodía rodea todo el edificio; ergo, Juanjo, valenciano de Carlet, y sus seis amigos tendrán cama tras levantarse a las seis de la mañana en Vega de Valcarce (León) y recorrer a pie doce kilómetros. Ridiculez de distancia, según marcan las leyes de los veteranos. Detrás de él aguardan otros 73 romeros y decenas de mochilas que esperan por sus dueños, mientras éstos donde hacen cola es en un bar. Completo Treinta minutos después de que se abran las puertas, el albergue ya está completo. Y las tiendas militares también han empezado a llenarse. Suena nueva noche al raso para los que lleguen por la tarde. Es la ley del más fuerte, la del más avispado, la de la selva en el monte.