La central pontevedresa, que por el momento actúa al margen de otros sindicatos, se está convirtiendo en el principal ariete de los oponentes al complejo industrial de Lourizán.
21 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La oposición que está encontrando Ence para cerrar en Lourizán el ciclo productivo de la pasta de celulosa y potenciar el sector forestal en Galicia ya tiene su antídoto en Pontevedra. La nueva dirección comarcal del sindicato Comisiones Obreras (CC.?OO.), que lidera Xosé Luís García Pedrosa, ha emprendido una campaña que va camino de convertirse en el ariete de otro movimiento, el de los detractores de Ence. Apenas dos semanas después de que el gobierno coaligado de Pontevedra (BNG-PSOE) reclamara en la calle el traslado de la factoría de celulosa y de la ahora portuguesa Elnosa, en una marcha ya histórica que cada año organiza la Asociación pola Defensa da Ría, García Pedrosa y otros tres delegados sindicales, Pilar Urbina, Juan Carlos Lameiro y Paco Luis López, anunciaron el inicio de una ofensiva para «despertar la conciencia ciudadana». Entienden que la estrategia socioeconómica de esta comarca «no puede seguir por este camino». Rapidez Y dicho y hecho. Sorprendidos por la celeridad con la que les han concedido la mayoría de las entrevistas solicitadas, desde el pasado 15 de julio hasta ayer mismo, los cuatro sindicalistas se han paseado ya por todas las moquetas habidas y por haber en un radio de acción limitado, a excepción casi de la casa consistorial, donde también esperan recalar. Su particular marcha, que esperan acabar en Madrid en dos sedes ministeriales, tuvo como primer destino Santiago. Allí obtuvieron el primer apoyo a su cruzada. El presidente de la patronal gallega, Antonio Fontenla, mostró una total sintonía en el análisis de la situación que hacen su organización, la CEG, y CC?.OO. sobre la situación socieconómica de la comarca y sobre la importancia de la construcción de la papelera como elemento impulsor de la diversificación productiva del Grupo Ence. Primeras victorias A partir de ahí se han sucedido otras victorias. La diputada del PP Ana Pastor llevará el asunto al Congreso, el presidente de la Diputación ofreció su apoyo y su homólogo de la CEP hasta calificó de «blasfemia» la oposición al proyecto del tisú. Ayer tuvo cumplida respuesta del gobierno local pontevedrés que, ley de Costas en mano, indicó a Fernández Alvariño que «la blasfemia es un pecado y el pecado es no cumplir la ley». El presidente de la Cámara de Comercio de Pontevedra también hizo suya una aseveración de Fontenla, sobre «el mal clima empresarial en Pontevedra por toda esa movida -dijo- del Ayuntamiento contra Ence». El temor de la patronal no es baladí, porque creen que así no habrá inversores que se atrevan a plantear un proyecto industrial de envergadura en esta zona. Este es el principal motivo que ha llevado a CC.?OO. a plantear la batalla. «No nos importa que digan que estamos vendidos al PP o a Ence», indica García Pedrosa, tras subrayar que el abc de cualquier sindicato es «pelear para que se cree empleo y pelear después para conseguir las mejores condiciones de ese empleo». Y en Pontevedra, explica, «se está obviando tomar una posición política concreta con respecto a una realidad concreta, que es que cada vez hay mayor desempleo». En su análisis compara la situación de Ferrol y la de Pontevedra, las comarcas donde el peso del empleo industrial baja más. Sin embargo, apunta, en Ferrol las instituciones están demandando soluciones y en Pontevedra «hay una ofensiva en contra del empleo industrial», dice, cuando si se analiza su tejido productivo, del 2002 a ahora se han perdido 1.088 puestos de trabajo en el sector servicios, «que es el que propicia el gobierno local». A pesar de esto, su iniciativa no ha calado en ninguna de las otras dos centrales sindicales con fuerza en la comarca: la CIG y UGT. Salvo federaciones concretas, como FIA-UGT, CC.?OO. cree que ambas centrales son prisioneras de los partidos políticos a los que son afines.