Miembros de la asociación francesa Compostella 2000 recorren el camino a pie con cinco minusválidos que viajan en carritos preparados para estos trayectos
15 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Eran sesenta, y en apenas media hora llenaron la plaza de la iglesia. En el entorno de Santa María la Real fueron apareciendo sillas de ruedas convencionales, en las que colocaron a los cinco peregrinos minusválidos que iban bajando de unos carromatos de una única rueda delantera, que se desplazaban empujados por otros siete compañeros. Si el Camino puso a prueba los goelette -diseñados por el hermano de un discapacitado que residía en la montaña francesa- y también la fuerza física de los miembros de Compostella a la hora de empujarlos, el empedrado de O Cebreiro demostró que existen las barreras arquitectónicas, pero que éstas no son del todo insalvables. Pudieron visitar la palloza museo y recorrer las calles en el poco tiempo que les dejó el autobús de regreso a su campamento base en Villamartín, cerca de Ponferrada. Pasadas las cinco de la mañana, el bus los transporta cada día al final de la etapa del día anterior. La de ayer fue de las más duras por sus pendientes. La de esta asociación debe de ser una de las peregrinaciones más largas en el tiempo, ya que la primera etapa la empezaron en 1999 en la localidad francesa de Le Puy, en Velay. Desde entonces dedican 15 días del año a ir concluyendo tramos. Quieren finalizar el día 24 en Compostela. Alumbrado público Los peregrinos galos se perdieron la espectacular vista nocturna del poblado de O Cebreiro con el recientemente inaugurado alumbrado público, estrenado en la noche del martes, y que, sin que se sepa todavía la razón, a la una de la madrugada dejó de funcionar. Quienes deben de estar satisfechos por la iluminación, además de los vecinos, son los peregrinos que se escapan de noche por las ventanas del albergue para tomar las copas en el pueblo. Antes necesitaban linternas para no tropezar y ahora ya pueden hacer el recorrido a la luz de las farolas y de los focos de suelo y de pared. Don Félix, el cura, se mostró feliz con el alumbrado ya que cree que está acorde con el conjunto histórico-artístico, que finalmente quedó mejor iluminado de lo que se creía. Quien no está tan contento es el alcalde, ya que cree que faltan puntos por iluminar y que hay aspectos mejorables.