Los peregrinos tienen su propia jerga: se saludan diciendo «ultreia», llaman «hospitalero» al que atiende el albergue y se despiden deseando «buen Camino»
19 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Además de tener vicios extraños como levantarse al alba, patear veinte kilómetros diarios y dormir sobre una esterilla, los peregrinos también hablan raro. El Camino es una enorme escuela de idiomas al aire libre y los caminantes son tan aplicados que han sido capaces hasta de resucitar el latín. Cosas de la integración. Un andaluz atlético avanza hacia O Cebreiro adelantando caminantes al grito de «ultreia». Curiosa expresión para un peregrino convencido de que «declinar» e «inclinar» son sinónimos. Ultreia, además de el nombre de un coro, es una expresión de ánimo que significa «adelante». Ya la utilizaban los peregrinos medievales vinculada a suseia, que es algo así como «arriba». Juntas aparecen en el Códice Calixtino que redactó en 1160 el clérigo francés Aymerico Picaud y juntas -con interpretaciones más o menos afortunadas- perviven en las dedicatorias que dejan los peregrinos contemporáneos en los cuadernos de los albergues. En inglés, francés o alemán, buena parte del legado literario de los caminantes termina destacando el Ultreia, peregrino entre signos de admiración. Los huéspedes más documentados son capaces incluso de transcribir estrofas del himno Dum Paterfamilias y de Le Chant des pelerins de Compostelle, que llevan en sus estribillos la conocida expresión. No obstante, el grito tuvo tiempos mejores. En el medievo se oía en boca de todos los peregrinos que soportaban fatigas y enfermedades para abrazar al apóstol. Ahora, el Camino es más llano y la expresión tiene más presencia sobre el papel que en el sendero. Quien mejor lo sabe es el hospitalero de Manjarín: «El otro día pasaron por aquí un grupo de ciclistas que iban en las últimas. Al verlos salí a la puerta y les grité 'Ultreia, ultreia' y va uno de ellos, gira la cabeza y me suelta: 'Tu padre'». El culpable de todo es otro saludo que está más de moda que las camisetas de la selección brasileña. Es imposible pasar un día en O Cebreiro sin oír una docena de veces la expresión Buen Camino. Lo dicen los camareros, los dependientes y los caminantes. Está tan extendida que ha llegado a sustituir al práctico chao y al clásico hasta luego. Se utiliza para despedir a los peregrinos, pero también para hacer diferencias entre los caminantes esforzados y los pulcros y repeinados que tienen pinta de haber llegado en autobús. A los primeros se les premia con el buen camino, a los segundos se les despide con buen viaje. La falda del quinque La jerga del peregrino no se agota en los saludos. Los caminantes también suelen llamar falda al poncho para la lluvia y quinques a los que van de gorra. La vara en la que se apoyan es el bordón y a la concha con la Cruz de Santiago (que en el medievo se utilizó para comer y ahora adorna mochilas) muchos la denominan vieira. Otro término muy extendido es el de hospitalero. Los hospitales de peregrinos cobijan hospederías y hostales de lujo en los que todo el mundo querría ingresar aunque fuese por vía de urgencia. Pero el vocablo hospitalero mantiene su espíritu primitivo. No es el director de un hospital, ni el matasanos, ni el enfermero. Es la persona encargada de atender el albergue, de ofrecer hospitalidad al peregrino, de arroparle si es necesario y de despedirle con un Buen Camino.