Ferrol sienta muy bien

Guillermo Pardo REDACCIÓN

GALICIA

Leira Morales lo tenía todo para vivir sin problemas hasta que la crisis enterró a su país y su hijo mayor se enamoró de una gallega, que la hizo abuela y la aferró a Galicia

12 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?¿Qué voy a hacer en Venezuela si tengo a mis hijos en España?». La pregunta que un día se hizo Leira Morales denotaba su soledad en su propia tierra, un vacío que de algún modo tenía que cubrir para demostrarse que se puede empezar de nuevo allí donde es posible encontrar el calor y el apoyo necesarios. En sus planes no entraba dejar su país. Para qué, si tenía la vida resuelta. Buen empleo, buena casa recién comprada, buen coche..., pero no tenía su familia al completo. Su hijo mayor, Gerardo, de 23 años, vino de vacaciones a Ferrol para estar con su tío, establecido en la ciudad desde 1992, y ya no volvió a Venezuela. Había encontrado el amor en una ferrolana que lo hizo padre. Fue el día de la boda cuando Leira Morales obtuvo respuesta a la duda que rondaba su cabeza. La sangre tira y ella sentía que la familia no podía continuar desunida, así que decidió quedarse. «Tomar la decisión de dejar Venezuela fue muy duro -afirma-. Tuve que venderlo todo. Resultó difícil, pero ya no pienso en volver, sino en radicarme aquí». Trabajaba como publicista en una emisora de radio, que la empleó durante once años, hasta que quebró, como quebraron incluso las piedras en el país caribeño, desde que la crisis se enseñoreó de él. -¿Llora usted por lo que ha dejado atrás? -No lloro por eso, sino por lo que está pasando en mi tierra. Lo que tenía allí lo puedo conseguir aquí, incluso mejor. Ahora trato de establecerme definitivamente. Me ha costado porque nadie abandona su país por gusto. Yo tenía mi vida resuelta. Dulce, educada y elegante en las formas, aún siente los reproches de sus vecinos gallegos en Venezuela cuando se supo que venía para quedarse: «Se enfrentaban conmigo porque decían que yo no luchaba por mi país», recuerda con amargura. «¿Pero qué iba a hacer allí si mi familia estaba aquí?». Su hijo Javier, de 20 años, ha vuelto con el propósito de obtener el visado y retornar a Ferrol. Hizo bachillerato superior, rama de Electrónica, y quiere enrolarse en la Marina para ampliar estudios y formación. Leira, como la bautizó su padre porque le gustaba el nombre de una niña árabe vecina, se siente cómoda en Ferrol: «Me gustan la tranquilidad, la comida, la gente, que aquí es más recatadita. Ustedes tienen un país muy lindo y muy bien organizado. Las leyes son parecidas a las de Venezuela, lo que pasa es que aquí se cumplen». Sin embargo, no todo es admirable: «Algunas personas te miran con desconfianza», dice, un recelo que le produce cierto dolor. Quizá los gallegos aún no estemos acostumbrados a tanta diversidad.