El pequeño corazón destronado

María E. Suárez

GALICIA

El mundo a los cuatro vientos El único resto de Luis XVII, heredero del trono de Francia que murió en 1795 en una cárcel de París a los diez años, será trasladado hoy a la basílica donde están enterrados sus padres

07 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Han tenido que pasar 209 años de leyendas y polémicas para que la ciencia  dé carpetazo a uno de los más persistentes misterios de la Revolución Francesa. ¿Consiguió realmente escapar de la muerte en prisión el hijo de los decapitados Luis XVI y María Antonieta? ¿Existe un heredero directo al trono de Francia?. Hace cuatro años, las técnicas de análisis de ADN descubrieron que el pequeño corazón, extraído en 1795 del cadáver de un niño preso en una celda del Templo de París, y que había resistido el paso del tiempo al abrigo de una urna en la que permanecía disecado,  pertenecía efectivamente al último delfín de la monarquía francesa. Hoy, el órgano de la polémica reposará al fin en la cripta de los Borbones, en la basílica de Saint-Denis, muy cerca de la tumba de sus padres. Luis XVII murió de tuberculosis cuando apenas tenía diez años, en abandono y soledad casi absolutas, encerrado en la torre de la prisión del Templo. Le apresaron junto a sus padres, los reyes, en el asalto popular al palacio de las Tullerías, pero enseguida le separaron de ellos. Durante tres años pasó de tutor en tutor, hasta que la Revolución le olvidó. El  doctor Palletan, encargado de practicarle la autopsia, decidió  extraerle el corazón, con lo que evitó que ese órgano  acabara en una fosa común, como el resto de su cuerpo. Apenas cinco años después, la leyenda se puso en marcha. Una novela imaginaba ya  que el niño muerto en la cárcel no era el delfín de Francia. En El cementerio de la Madelaine ,  Jean-Baptiste Regnault imaginaba que el joven Luis XVII conseguía evadirse y que otro niño ocupaba su celda. Muchos interpretaron que la novela era historia, y  los pretendientes al trono de Francia empezaron a brotar como las setas, especialmente  tras la caída de Napoleón, en 1815. Hace ahora cuatro años, dos laboratorios confirmaron que el ADN del corazón conservado en alcohol  correspondía a un miembro de la familia Habsburgo, la de María Antonieta Pero incluso entonces los monárquicos más recalcitrantes se negaron a admitirlo alegando que el órgano correspondía al hermano mayor, también llamado Luis, muerto seis años antes en Versalles. Pero los expertos e historiadores dieron por bueno el resultado, puesto que los corazones de la familia real francesa siempre eran embalsamados, y no conservados en alcohol. Desde el 2000 hasta hoy han tenido que hacerse muchos papeleos para conseguir la inhumación del órgano. El ex ministro de Cultura Jean-Jacques Aillagon fue el promotor del acto, que se celebrará ante una nutrida representación de la realeza europea, la mayoría sin trono. En el aniversario de la muerte de este niño, que llegó a reinar en prisión durante tres años  con el reconocimiento de la mayoría de los países del mundo, los organizadores quieren convertir la ceremonia en un homenaje a la infancia maltratada. Otro niño, Amauri de Borbón-Parma, de doce años y también con sangre real, depositará la urna en la cripta real junto a la tumba de María Antonieta.