Las melodías de canciones para teléfonos móviles suponen ya el 10% de la facturación de la industria discográfica y se consolida como vehículo de promoción de artistas
21 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Los teléfonos móviles están incrementando sus usos como objetos de ocio. A la función básica de comunicar se añade la posibilidad de divertirse con videojuegos en los terminales o escuchar música. ¿Quién no tiene un compañero de oficina a quien le suena Frank Sinatra o Elvis Presley cada vez que recibe una llamada? Las melodías de canciones se están convirtiendo en un jugoso negocio para una industria discográfica que le ha visto los dientes al lobo en la piratería y las descargas en Internet. El año pasado este concepto representó el 10% de la facturación de la industria. Traducido a dólares, unos tres billones en todo el mundo. La tecnología avanza tan rápido que las precarias versiones de las melodías están siendo sustituidas por las propias canciones en la voz del artista. Los pagos por derechos de autor y reproducción ya están generando otros sonidos, los de las cajas registradoras de las discográficas. Antes, los pacientes aficionados de un conjunto o un cantante y con un mínimo conocimiento informático, ponían en Internet sus adaptaciones para que cualquiera las incorporase a sus móviles. Ahora hay empresas que viven de comercializar las melodías, que ya están disponibles tanto en su versión esquemática como en la original de su intérprete. Anuncios en televisión que ofrecen «sonitonos» y «politonos» se emiten cada vez con mayor frecuencia, y artistas como David Bisbal suenan tanto en la radio como en los móviles. Es evidente que la industria no le hace ascos a este incipiente mercado, pero sus planes son más ambiciosos. Ya se habla de que los teléfonos están llamados a sustituir al sencillo, un formato que lleva años agonizando, como el vehículo ideal para promocionar las canciones de estreno de los artistas. En este sentido, en el Reino Unido están pensando en incorporar este nuevo medio a las listas de ventas, según informó el periódico The Guardian . Adolescentes y jóvenes constituyen el principal mercado para la venta de melodías. Visto con ojos de experto, es un negocio que no puede fallar: combina dos tendencias de gran poder adictivo, la fascinación pop por los ídolos de masas junto a la obsesión por las nuevas tecnologías. El móvil es el catalizador perfecto. Además, por muy aficionado que uno sea de un artista o por mucho que disfrute con una canción, nadie aguanta la misma melodía mucho tiempo en su teléfono, sobre todo si recibe docenas de llamadas diarias. Siempre habrá un nuevo éxito del momento para reemplazarla. Tribus urbanas Los adolescentes se han sumado a esta corriente con una avidez tal que parece que los portátiles son el nuevo símbolo para las tribus urbanas. La música es quizá, con la ropa, el principal elemento que permite a un joven identificarse con un grupo o manifestar abiertamente y con orgullo su personalidad. Cada vez que suena la melodía es un medio de expresar en voz alta una forma de ser. Y no sólo canciones: himnos de equipos de fútbol, sintonías de series de televisión y hasta el grito de Tarzán están disponibles para irrumpir en cualquier momento en una oficina o causando gran irritación en el cine. El negocio no se acaba en los adolescentes, aunque se nutra de ellos. Hay adultos que disfrutan con la nostalgia de viejos temas o presumen de melómanos cuando suena la creación inmortal de algunos de los grandes compositores. Algunos géneros musicales se adaptan mejor que otros al nuevo medio, por lo que será cuestión de tiempo que los autores tengan en cuenta a este nuevo público.