Rania da testimonio del horror

Jesús Fraga

GALICIA

La presentadora de la televisión saudí cuya cara fue desfigurada a manos de su marido espera que su caso abra un debate sobre la violencia doméstica que sufren las mujeres

29 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

«Ahora estoy bien, pero me he tenido que someter a cirugía estética. Después de la paliza me encontraba muy mal y estuve a punto de morir. Mi marido primero intentó estrangularme hasta que perdí el sentido; después trató de destrozarme la cara. Me llevó al hospital y me dejó en la puerta. No dio mi nombre ni mi teléfono ni ningún dato sobre mí. La razón por la que me agredió fue trivial: sostuvimos una discusión en la que no llegamos a intercambiar más de cuatro frases. No tenía ningún motivo para atacarme. No era la primera vez que se ponía violento, aunque nunca había llegado hasta estos extremos». Los testimonios de las mujeres agredidas se asemejan entre sí con escalofriante precisión, sin diferencias de religión o de nacionalidad. Lo que padecen miles de mujeres en todo el mundo lo explicó en una entrevista con el programa Outlook , de la BBC, Rania al-Baz, la presentadora de televisión de Arabia Saudí que saltó a los periódicos de todo el mundo por la paliza que le propinó su marido. El rostro de Rania, familiar para los saudíes a fuerza de verlo a diario durante seis años, dejó de ser las bellas facciones de una periodista para convertirse en el horror del maltrato. «He permanecido en silencio porque no quería ver cómo se venía abajo mi familia», declaró ayer Rania a la cadena inglesa. «Ahora que mi historia se ha hecho pública estoy asustada. He estado a punto de morirme, por lo que supongo que es normal que esté preocupada por mi vida y la de mis hijos». El gesto de Rania cobra un valor especial en un país que ignora los casos de violencia doméstica: el de la presentadora fue el primero del que se habló en público. No es el único. Tampoco se puede hablar de violaciones, sida o pedofilia. Simplemente no existen. «Decidí que se publicase mi fotografía para que sirviese de lección a los demás, para cada hombre y cada mujer. Un hombre violento podrá ver el sufrimiento que causa y cada mujer podrá evitar lo que me ha ocurrido», sostiene Rania sobre su caso. «Algunas personas me han llamado una heroína, pero no sé por qué. Quizá hayan valorado que me atreviese a hablar de un tema que es tabú». Una cuestión de honor Rania sabe que la situación por la que pasan muchas de sus compatriotas es complicada. En un país en el que el honor es cuestión nacional, se considera un derecho del marido que su esposa le obedezca. Hay hombres que recurren a las amenazas y la violencia y muchos hogares viven un drama permanente. A diferencia de lo que ocurre en España y otros países occidentales, en los que crece una fuerte conciencia social contra los maltratadores, en Arabia Saudí muchas no se atreven a denunciar su condición de víctimas. Sin embargo, se ha apreciado un significativo número de aumento de divorcios por parte de esposas que aducen que sus maridos ejercen la violencia contra ellas. De todas formas, la mujer saudí sigue sin acceso a cuestiones fundamentales como votar o dedicarse a sus negocios, así como conducir un coche o viajar sin el permiso de su compañero masculino. Rania pone el dedo en la llaga: «Aunque sea incómodo, es mejor hablar sobre la realidad que tratar de ignorarla como si nada malo ocurriese». La periodista cree que su dolor al menos ha servido para suscitar un debate sin precedentes y quizá abrir así un camino para que la mujer se incorpore a todos los ámbitos de la vida con plenos derechos. «Creo que mi caso ha animado a otras mujeres a denunciar su situación ante la ley».