Cupido esperaba en Galicia

Guillermo Pardo REDACCIÓN

GALICIA

XOÁN CARLOS GIL

Los nuevos gallegos | Abdoulaye Bilal Traore Su espíritu aventurero lo llevó por África y Europa. Vino a Pontevedra para una visita de quince días y ahora quiere asegurarse el futuro con su novia gallega

24 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Empezó trotamundos y acabó enamorado, estado que no piensa abandonar según se lee en la amplia sonrisa que ilumina su afable rostro. Cuando, en 1990, salió de su Dakar natal para conocer mundo, no imaginaba que iba a encontrar acomodo en un país climáticamente más frío que el suyo, aunque, como dice, afectuosamente cálido y acogedor. Puede decirse que Abdoulaye Bilal Traore nació aventurero, condición con la que se reconoce identificado porque le permite sentirse ciudadano del mundo. Un mundo que empezó a conocer con apenas 22 años y una licenciatura bajo el brazo de la que no hizo uso académico, si bien le fue de gran utilidad para alcanzar uno de sus principales objetivos: comunicarse con sus semejantes. Con su dominio del francés, el inglés y el español -su tercera lengua, que estudió durante seis años- se aventuró por los imprecisos caminos de países como Guinea-Bissáu, Gambia, Mauritania, Mali, Guinea-Conakry, Bélgica, Francia, Holanda y España, adonde llegó para una visita familiar de quince días. -Han pasado cuatro años desde entonces y ya la habrá dado por concluida, ¿no? -(Risas). Por supuesto. Me quedé aquí, en Pontevedra, porque me sentí a gusto desde el principio. En el sur de Galicia percibo más el calor humano que en el norte y eso es muy importante para mí. Lo valoro mucho. Soy una persona a la que le gusta la comunicación. Sin embargo, paradojas de la vida, se enamoró de una gallega del norte, de Ferrol, una mujer que le puso los glóbulos rojos de color naranja. Charo es su nombre. «Estamos muy enamorados», afirma Bilal con una sonrisa de satisfacción que apenas cabe en el locutorio telefónico que regenta en la calle Casimiro Gómez, de Pontevedra. «Encontré el amor de mi vida en Galicia. Nunca me había sentido tan a gusto con una chica, y he conocido a unas cuantas», proclama con la seguridad que le aporta su bagaje vital. La pareja comparte vivienda en Vilanova de Arousa, desde donde ambos se desplazan a sus respectivos trabajos: ella a A Illa, él a Pontevedra. El aventurero Bilal ha encontrado lo que buscaba. Galicia le parece un buen lugar para echar raíces y formar una familia, entre otras razones porque en los cuatro años que lleva aquí no ha advertido menosprecio hacia su persona y se ha adaptado bien al entorno y a las costumbres, aunque no tanto a la lengua: «No sabía de la existencia del gallego hasta que llegué. Lo entiendo, pero no lo hablo». Tampoco las diferencias culturales le parecen inconveniente. «Tengo mucha experiencia. Viajar me ha hecho más receptivo y por esa razón me resulta más fácil adaptarme». Palabra de nuevo gallego.