Tel Aviv nos tacha de cobardes

Cristina Tristán

GALICIA

TAL COHEN

Directivos y aficionados del Maccabi acusa a España de instigar el traslado de la Final Four de baloncesto como un paso más en «la cesión al chantaje del terrorismo»

29 mar 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Unos ochenta hinchas del Maccabi de Tel Aviv se concentraron ayer ante el edificio de la embajada de España en la ciudad -situada en la planta 18 de un bloque de oficinas- para, entre otras cosas, llamar cobardes a los españoles y pedir a gritos que la Final Four, los encuentros finales de la liga europea de baloncesto, se disputen en la ciudad israelí, tal y como estaba previsto. Esta alborotadora concentración -las consignas se oían en el centro español, a pesar de la altura- no es si no un paso más en la escalada de protestas que tienen lugar por todo el país desde el pasado jueves. Ese día el equipo valenciano del Pamesa suspendió su viaje a Tel Aviv, donde se tenía que enfrentar al Maccabi, ante el riesgo de sufrir un atentado. Era una jornada difícil porque acababa de ser asesinado el líder de Hamás, el jeque Ahmed Yassin, y se temían represalías por parte de los palestinos. Ceder al terror Desde entonces, e incluso ayer mismo, los hinchas israelíes acusan a los jugadores españoles de «haber cedido ante el chantaje del terrorismo». Y eso en el mejor de los casos, ya que el adjetivo «cobarde» es otro de los más oídos en un asunto que todos apuntan a que no es deportivo y sí político. Rodeados de periodistas y con un pequeño grupo de policías vigilantes, los aficionados israelíes estuvieron dos horas exigiendo que la Final Four tenga lugar en Tel Aviv entre el 29 de abril y el 1 de mayo. Y es que la comisión delegada de la Euroliga se reúne hoy en Barcelona para decidir si mantiene o no la Final Four en Tel Aviv, algo que los responsables del Maccabi no comprenden porque su ciudad «es tan segura como cualquier capital europea», tal y como no se cansan de repetir. De hecho, insisten en que la alternativa, es decir, Barcelona, es tan peligrosa o más que la localidad de Israel. La comisión delegada de la Euroliga que debe dilucidar la solución al problema está formada por representantes de las ligas de España, Italia y Grecia, fundadoras de la Unión de Ligas Europeas de Baloncesto (ULEB), y de seis de los clubes de la máxima competición europea de clubes: el FC Barcelona, el Maccabi Tel Aviv israelí, el Alba Berlín alemán, el Benetton de Treviso italiano, el Cibona de Zagreb croata y el Olympiacos griego. En paralelo a la presión de la ciudadanía -el jueves se concentraron ante la embajada española unas diez personas, el viernes veinte más y ayer rondaban las ochenta- la diplomacia israelí también se ha movilizado. Movilización diplomática Sylvan Shalom, ministro de Exteriores, ha remitido cartas en este sentido a cinco de sus homólogos europeos en Grecia, Croacia, España, Italia y Alemania para pedirles que «trabajen para que el torneo no se traslade a otro sitio», ya que el cambio de sede «supondría un triunfo de los terroristas». «Éstos buscan a través de la violencia minar nuestra forma de vivir y supondría un castigo que Tel-Aviv e Israel no merecen», dice la nota del Ministerio de Exteriores. Según la radio pública israelí, otros dirigentes del país, especialmente el ministro de Economía Benjamin Netanyahu, han indicado que harán campaña para que la Final Four se dispute en Tel Aviv. Y desde el Maccabi se amanaza con abandonar la competición el próximo año si les dejan sin campeonato. En Tel Aviv no sólo se defienden si no que también atacan: el presidente del club, Simón Mizhari, pidió una sanción de hasta cinco años sin disputar competiciones de la Euroliga para el Pamesa «por desobedecer las órdenes de la competición», apuntó. Lo curioso es que en Israel nadie duda que habrá Final Four, que la Euroliga no cederá a la presión iniciada en Valencia y que finalmente los equipos se concentrarán en Tel Aviv. De no ser así, el problema se multiplicaría social y políticamente.