El fin de un cuento chino

Marta D. Brown

GALICIA

XINGHUA

Los libros de texto del gigante comunista retirarán el falso mito de que la Gran Muralla es la única construcción humana que puede verse desde el espacio

13 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Si hay algo que enorgullezca especialmente a los estudiantes chinos es leer en sus libros de texto que la única construcción humana que puede verse desde el espacio es la Gran Muralla. Hace ya muchos años que se sabe que eso sólo es un cuento chino. O, mejor, una leyenda urbana. El mito parte de unas palabras atribuidas a Neil Amstrong, el primer hombre que pisó la Luna, según las cuales habría podido discernir desde su privilegiada posición el perfil de la Gran Muralla. Pero en realidad no hay ningún registro de esa declaración aunque, gracias a esas extrañas leyes que dan verosimilitud a unos rumores y a otros no, esta historia fue dada por cierta y, hoy en día, sigue siendo materia de estudio para los jóvenes chinos. Sin embargo, la presencia de esta leyenda en la educación de los chinos está a punto de desaparecer. Un miembro del Partido Comunista reclamó estos días, dentro de una conferencia consultiva política, que el Ministerio de Educación retire de los libros la vieja leyenda, toda vez que está más que demostrada su falsedad. El argumento definitivo vino precisamente de la mano de un héroe nacional: Yang Liwei, el primer chino en salir al espacio. Liwei consiguió dar varias vueltas a la órbita terrestre pero, cuando regresó a su país declaró: «La vista desde la cápsula era extraordinaria, pero en ningún momento pude ver la Gran Muralla». Difícil de ver De todos modos, no era necesario que el primer astronauta chino ratificara la imposibilidad de distinguir la formidable construcción. Hay múltiples y muy razonables motivos para poner en duda que la Gran Muralla se pueda distinguir desde la órbita del planeta. En primer lugar, se trata de una obra de una longitud colosal, pero de una anchura y altura muy limitada. Como máximo alcanza los cuatro metros, de modo que, a una cierta altura, resulta muy difícil de discernir. Por si ello fuera poco, los materiales con los que fue construida, piedras y tierra, son de unos colores muy similares a los de los terrenos por los que discurre, así que su perfil se diluye en el entorno. Sea como fuere, el mito tiene los días contados. El ministerio de Educación ya anunció que está empezando a retirar los viejos libros de texto en los que se recoge esta leyenda y que los va revisar. Aún quedan sin embargo funcionarios reacios a la corrección, como el que declaró a la agencia Efe: «Todavía no nos han pedido que corrijamos el error». Sin embargo, parece que el mito de la muralla será enterrado en la lenta política de glasnost del Gobierno chino. Con toda seguridad, los jóvenes estudiantes de la nueva China encontrarán otros aspectos de los que sentirse orgullosos sin tener que asimilar como cierto lo que es uno de los mayores cuentos chinos que se conocen.