Los «autonautas» vuelven a Cuba

La Voz

GALICIA

ADALBERTO ROQUE

El mundo a los cuatro vientos Estados Unidos repatría a parte de los balseros que navegaron en un Buick a Florida, mientras en La Habana la policía trata de requisar los vehículos transformables en barco

12 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Es sabido que la necesidad estimula el ingenio. En Cuba, los disidentes que huyen del régimen de Fidel Castro han encontrado un nuevo uso para los clásicos automóviles que todavía circulan por la isla, al transformarlos en vehículos anfibios con los que tratan de cruzar el mar hasta arribar a la costa estadounidense. La semana pasada, un grupo de balseros trató de hacer la travesía hasta Miami a bordo de un coche Buick de 1959, adaptado para surcar el océano. No lo consiguieron: los cuardacostas norteamericanos interceptaron el artilugio y a sus ocupantes a 16 millas de Cayo Marathon, en Florida. Tres de ellos, Luis Grass, su esposa y su hijo, han sido trasladados a la base de Guantánamo, a la espera de que se examine su caso y se determine si realmente son perseguidos por las autoridades cubanas, motivo suficiente para quedarse en Estados Unidos. Grass ya había intentado abandonar la isla en julio a bordo de un camión Chevrolet de 1951. Sin embargo, los otros ocho disidentes fueron repatriados. A su llegada al barrio de El Diezmero, sus vecinos los recibieron como si fuesen héroes. Decepcionados Una de las familias, formada por Marcial Basanta, su esposa y dos hijos, expresó su decepción con el retorno. «Siempre pensé que iban a tener en cuenta que fuimos los del camión y que lo habíamos intentado dos veces, y que a lo mejor teníamos problemas en Cuba», se lamentó Basanta. De vuelta en su casa, supo que Grass se quedaba en Guantánamo. Fue claro en su opinión: «Por lo menos no está aquí, es lo importante». Los acuerdos migratorios suscritos entre Cuba y Estados Unidos establecen que los balseros interceptados en el océano deben ser repatriados. Si consiguen tocar suelo norteamericano, tienen derecho a permanecer en el país y, al cabo de un año, obtener el permiso de residencia. Esta circunstancia explica los denodados esfuerzos de los tripulantes del Buick para alcanzar tierra firme. «Estuvimos hasta las seis de la tarde luchando para ver si podíamos llegar», explicó Basanta. Fue en vano. Los localizó un avión y un guardacostas se hizo cargo de su traslado hasta el temido momento de la repatriación. La aventura de estos cubanos ha extendido por la isla la sospecha gubernamental de que cualquier vehículo es susceptible de ser convertido en un barco. La experiencia ya la sufrió ayer el padre del propio Basanta, también Marcial de nombre. Propietario de un camión Ford de 1951, tuvo que enfrentarse a los policías que trataban de decomisar su vehículo. Se temían que su hijo utilizaría de nuevo sus manos para huir de la isla. Pero el ingenio cubano no sólo se ha demostrado en el terreno de los motores. También en el lenguaje. Esta nueva modalidad de balseros ha propiciado la aparición de nuevos términos en el habla cotidiana. Autonautas, camionautas o autobalseros son los neologismos acuñados para referirse a estos improvisados marinos que se ponen al volante y conducen por un mar sin carreteras.