Abracadabrante Gelo

PABLO COBIÁN

GALICIA

CARTA ABIERTA | O |

10 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

HACE unos días, La Voz recogió que la Xunta había incoado un expediente sancionador contra Ángel García Seoane, Gelo , alcalde de Oleiros, porque, supuestamente, la casa que se está construyendo sobrepasa el límite que marca la Ley de Costas. Me pareció inverosímil que Gelo, después de lo que les ha hecho a tantos vecinos de Oleiros, fuera tan tonto de cometer semejante error. Días después y a la vista de la algarada que Gelo ha montado para aparecer como víctima de la situación, he tenido que replantearme mi primera impresión. Quizás Gelo ha descubierto que ha cometido alguna irregularidad que podría verse agravada por el hecho de que el Ayuntamiento haya concedido al alcalde una licencia que pudiera transgredir la legislación vigente. Ante este descubrimiento, qué mejor que montar el número del victimismo para intentar lo que en un Estado de Derecho es absolutamente inviable, es decir, ser tratado de forma diferente al resto de los ciudadanos. Además, Gelo se permite algunas licencias que no estoy dispuesto a consentirle. Dice, refiriéndose a la clase política, que algunos la utilizan «para enriquecerse a costa do erario público». Usted sabrá si se ha enriquecido con el erario público, pero yo me he ofrecido para hacer públicos nuestros patrimonios desde nuestra entrada en política y mantengo aquí y ahora mi oferta. La cuestión ahora es otra. Usted o quien a usted lo acuse deben demostrar con planos y papeles si usted ha cumplido o no la ley. Para finalizar, le diré que somos muchos los que echamos de menos su presencia en los medios para anunciar inversiones para Oleiros. Lejos de eso, se dedica a aparecer disfrazado en los carnavales, poniendo carteles en su casa, anunciando acuerdos internacionales con Fidel Castro o viajes de sus concejales a lugares de nunca jamás. Puede tener más o menos gracia, pero cuando usted pretende convertirse en víctima de un ataque virtual en un planeta desconocido que afecta a todos los ciudadanos de Oleiros, deja de ser divertido para convertirse en abracadabrante.