El Gobierno ha puesto en marcha la maquinaria administrativa y ha intentado acelerarla, pero no ha resuelto el enigma del año de finalización ni ha logrado conjurar el escepticismo social.
27 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.El primer año de vigencia del Plan Galicia se ha saldado con una continua andanada de publicaciones de trámites administrativos en el Boletín Oficial del Estado, la puesta en marcha de medidas largamente demandadas en Galicia -como el alejamiento del corredor de Fisterra, la creación del puerto exterior de A Coruña y el cambio del proyecto del tren de Alta Velocidad de Madrid-, retrasos en algunas acciones significativas (caso del vaciado del petrolero y la finalización de la Transcantábrica) y la permanencia de la principal incógnita que generó este programa desde su aprobación en el Consejo de Ministros del 24 de enero en A Coruña: ¿Cuándo termina el Plan Galicia? Este factor de incertidumbre, unido a que la compleja tramitación impide comenzar las actuaciones nuevas previstas en el Plan Galicia, provoca que la sociedad gallega se siga mostrando muy desconfiada. En noviembre, cuando se cumplió el primer aniversario del accidente del Prestige , sólo el 15% de la población le daba su apoyo, el mismo porcentaje que nueve meses antes. Entre los avances de este año destacan los frutos de la ofensiva del Gobierno ante la Organización Marítima Internacional (OMI), que deben plasmarse el año próximo en el alejamiento del corredor de Fisterra para buques con mercancías peligrosas, medida que tiene que combinarse con un aumento de los medios de seguridad. A la espera de que en el 2005 entren en servicio los nuevos remolcadores, las dudas residen en si existiría un dispositivo adecuado en caso de que se diese otra situación de máximo riesgo durante el próximo año. También ha habido avances en los proyectos de alta velocidad ferroviaria, que contrastan con los retrasos en algunas de las autovías comprometidas por Aznar. Bruma electoral En las últimas semanas, el Gobierno ha contribuido a afianzar una vertiente del Plan Galicia que existía desde su misma aprobación, la electoral. Los dirigentes populares han insistido en vincular su ejecución al completo con su continuidad en el Gobierno, al asegurar que no se podrá cumplir si hay un cambio de política económica. El PSOE, en cambio, anuncia modificaciones para acelerarlo en caso de llegar al poder, mientras que el BNG también apuesta por modificarlo. Hasta las elecciones generales de marzo, el Plan Galicia y las otras promesas contraídas tras la marea negra se van a envolver en una espesa bruma electoral, en forma de primeras piedras, nuevos anuncios y cruce de críticas.