LA PRIMERA teoría de la conspiración no se hizo esperar. A mitad del Génesis , se aparece el malo en forma de bicha y conspira con Adán y Eva para arrebatarle el poder al bueno. Desde entonces, por este mundo erramos. ¡Tan lejos del Paraíso! Y lo que es peor, según las últimas noticias, seguimos conspirando. La más reciente teoría de la conjura viene de presentarla en sociedad Xosé Manuel Beiras. Sectores económicos rebosantes de opulencia y poderes mediáticos conspiran al amanecer contra el sur de Galicia en cuevas secretas de la costa norte, aunque no se sabe para qué. La teoría en sí está rancia por la monótona repetición de los presuntos confabuladores. Son los mismos poderes económicos que ya sirvieron para justificar la pérdida de respaldo electoral del BNG en las autonómicas del 2001, la victoria del PP en Muxía en mayo pasado, los imprevistos sucesorios, y que ahora sirven para explicar lo inexplicable; que el PP gobierne en Vigo. Estos argumentos conspirativos son igual de vacuos que las batidas del Prefecto de Policía de Casablanca cuando venían maldadas: «¡Detengan a los sospechosos habituales!». Si hay un problema, se crea un enemigo y se le echa la culpa. Pero la última versión de esta guerra preventiva incluye efectos colaterales dañinos, porque alienta el localismo liliputiense que tanto tiempo nos tuvo empequeñecidos. Mala hierba que crece sola. Las teorías conspirativas que formulan algunos en Galicia para escapar de las responsabilidades en la crisis política de Vigo tienen idéntico valor que las conjuras que pueda fabular usted, lector o lectora, con la fotografía que va aquí arriba: Beiras reunido con empresarios y banqueros. ¿Qué estarán tramando?