HABRÁ UN DÍA en que se escriba un libro que diga en algún sitio: «La primera vez que una mujer alcanzó la Alcaldía de una de las siete ciudades gallegas en la etapa democrática fue en diciembre del 2003. La ciudad era Vigo; y la alcaldesa, Corina Porro». Para entonces, la reseña ya no abundará en el detalle de que fue la primera, pero de rebote. Castrillo golpea a Ventura y el ex juez mete a Corina en el gua, en versión de partida de canicas. El próximo sábado, 13 de diciembre, al fin una mujer -¡han tenido que pasar 24 años!- alcanzará la alcaldía de una de las siete ciudades desde las primeras elecciones municipales de 1979. A Corina le precedieron otras, como Berta Tapia, en A Coruña, o Enma González Bermello, en el mismo Vigo, pero sus mandatos fueron breves y durante el tránsito a la democracia municipal. Corina Porro será alcaldesa con la legitimidad que le otorgan los diez concejales que obtuvo el partido más votado en la ciudad en las elecciones de mayo. Claro que llega al puesto gracias al guirigay montado con la versión gallega de Rebelión a bordo. Una superproducción en la que un capitán degradado por votación popular a jefe de máquinas se amotina contra el que le sustituyó al mando. Al final, el timón pasa a manos del enemigo. Enemiga, en este caso. Vencido y desarbolado el PP vigués en las elecciones del 99, la derecha comenzó a construir otro candidato para el 2003. Se fijó en una de las concejalas que había trabajado la legislatura anterior con el defenestrado Manolo Pérez. El Diario Oficial de Galicia creó una nueva consellería y nombró nueva conselleira. Corina Porro se lanzaba a la conquista de la Alcaldía viguesa. Ni el Diario Oficial, ni las visitas en campaña de Azna r o Rajoy, ni los méritos, pocos o muchos, de la candidata, bastaron para que el PP reconquistase Vigo en mayo pasado. Ha hecho falta el empujón de Castrillo para que llegase el día en que una ciudad gallega tenga alcaldesa. Los destellos que ya comienzan a asomársele al rostro de Corina ensombrecen el inicio del reinado sobre el BNG de su compañero de estudios en la Escuela de Enfermería, Anxo Quintana.