El mundo a los cuatro vientos Un periodista burló todos los controles y durante dos meses estuvo trabajando como sirviente en el Palacio de Buckingham, donde preparó las habitaciones de George Bush
19 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.La seguridad de Buckingham Palace ha sido violada en multitud de ocasiones, la mayoría de las veces por chalados sin nada mejor que hacer o por periodistas con ganas de chinchar. Pero es motivo de sorpresa, vergüenza ajena y cachondeo, por este orden, la hazaña de un redactor del sensacionalista Daily Mirror , Ryan Parry, que estuvo trabajando en Buckingham las últimas ocho semanas sin que nadie comprobara sus acreditaciones, su pasado o quién diablos era. Todo cuando se preparaba la visita de George Bush y a los contribuyentes británicos les costaba 8,5 millones de euros, en la que ha sido la «mayor operación de seguridad» en la historia de su país. Parry, que entró a trabajar en el palacio como lacayo, estuvo merodeando por las tripas del edificio hasta la noche del martes, pocas horas después de que Bush fuera recibido en Buckingham por la reina Isabel II y su marido. «Si hubiera sido un terrorista hubiera podido asesinar a la Reina y a Bush», indicaba ayer el reportero. De hecho explica que su labor ayer por la mañana hubiera sido la de ofrecer el desayuno al secretario de Estado Colin Powell y a la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice. Pero es que además sólo hace cinco días, Perry visitaba la habitación de Bush, la suite belga , y tomaba una fotografía que ayer era publicada en el rotativo. Y para continuar poniendo los pelos de punta a los servicios de seguridad norteamericano y británico, el periodista lacayo podía haber envenenado a la Reina, ya que entre sus labores se encontraba la de preparar la mesa de desayuno de Isabel II y su esposo. Según Perry, nadie le ha revisado las bolsas con las que ha entrado y salido del palacio durante las ocho semanas que trabajó allí, por lo que fácilmente podría haber introducido ántrax, por ejemplo. De hecho siempre llevaba en el bolsillo una cámara. En las habitaciones Los cuerpos de seguridad han mirado por el alcantarillado de Buckingham y por los tejados, han colocado agentes en todo su perímetro, incluidos los agujeros-nido de las ardillas de Hyde Park, han establecido una exclusión aérea en la ciudad, y sin embargo se olvidaron de hacer un rastreo a las docenas de sirvientes que deambulaban y se codean con la familia real y la delegación norteamericana estos días de visita. Porque, atención al dato, una de las labores de Perry fue la de entrar en todas las habitaciones de la delegación estadounidense horas antes de su llegada para colocar una caja de bombones, una cesta de fruta y un cuenco con fresas. Asombroso. Y asombrosa fue la manera en la que Perry consiguió el puesto de lacayo. Todas las referencias que ofreció a la jefa de personal del palacio eran falsas. En el colmo de la ineficacia, la oficina de personal del Palacio sólo hizo una llamada para rastrear el pasado de Perry, a un pub en el que el periodista trabajó de camarero en Gales. El dueño en la época en la que Perry trabajaba allí lo había traspasado y el actual propietario no le conocía, pero parece que al escuchar su nombre, uno de los clientes se acordó de él, y dio su parecer al oficial de Buckingham. Una «referencia de peso» para el que esta semana es el lugar más vigilado de Occidente.