El mundo a los cuatro vientos Los príncipes Magdalena y Carlos Felipe se van de copas por los bares de moda de la noche de Estocolmo sin pagar el vodka y el champán que consumen
13 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Los más jóvenes de la familia real sueca se han aficionado a brindar gratis. Los paladares de Magdalena y Carlos Felipe huyen de la cerveza que consumen la mayoría de los jóvenes de sus edades en Suecia hacia los más refinados sabores del champán francés y el vodka nacional. Pero no se trata sólo de una cuestión de gustos. Una investigación de Aftonbladet, el diario más leído del país, destapó que las consumiciones de los herederos corren casi siempre por cuenta de la casa. Los pubs más exclusivos se pelean por contar entre su clientela con Magdalena y Carlos Felipe, y por supuesto están dispuestos a asumir todos los gastos. Pero en un país en el que los servicios sociales son tan protectores que miden hasta las cunas en los hogares de los nuevos ciudadanos para comprobar que los bebés suecos se criarán en las condiciones óptimas, todo lo relacionado con las adicciones de los más jóvenes es tratado con una rigurosidad extrema. Monopolio El rígido sistema de control del país escandinavo prohíbe invitar a los clientes a alcohol. Aunque no es un delito aceptar una copa gratis, sí lo son fórmulas tan extendidas en países como España como el dos por uno o el chupito gancho por cuenta del local. Los suecos están acostumbrados a que el consumo de bebidas alcohólicas esté totalmente tutelado. Un monopolio estatal es el encargado de importar y expender vinos, licores y cervezas desde sus propios establecimientos. Sólo los mayores de 21 años, previa presentación del documento identificativo, pueden adquirir las bebidas. El hecho de que Magdalena y Carlos Felipe gocen de privilegios en una cuestión tan delicada ha caído como una bomba. La princesa entró una noche en Sturecompagniet, un local recientemente renovado en la zona de moda de Estocolmo. Acompañada de su novio, Jonas Bergström, y varios amigos, dio cuenta de al menos dos botellas de champán y varios cócteles. En Sturecompagniet el champán cuesta ochenta euros, y el vodka ciento setenta. Nadie los pagó. La jefa de prensa de la Casa Real, Elisabeth Tarras-Wahlberg, se ha apresurado a explicar que los herederos son «muy estrictos» en cuanto a salidas nocturnas. Sin embargo, no pudo aclarar si la versión de Aftonbladet era cierta o falsa. «No soy consciente de que no hayan pagado alguna de sus consumiciones, pero puedo decir que no salen con la idea preconcebida de no pagar», dijo. Según Tarras-Wahlberg, siempre que los príncipes se van de copas llevan dinero y tarjetas de crédito. La polémica no llega precisamente en el mejor momento. La familia real se ha hecho con los servicios del prestigioso abogado Matthias Prinz para frenar a la prensa sensacionalista alemana, que ha encontrado en la vecina Suecia un filón para las portadas de sus polémicos tabloides, antes copados por Lady Di. Matthias Prinz, que ha defendido entre otros a Tom Cruise, la familia real de Mónaco o Gerhard Schröder, ha rastreado a lo largo de las últimas semanas los contenidos de las publicaciones germanas. De momento ha logrado que dos periódicos que adelantaron un embarazo falso de Victoria de Suecia con posterior aborto incluido y cáncer de mama paralelo hayan tenido que publicar un desmentido. Seis más lo harán en los próximos días. «Veremos si es suficiente, por lo menos hemos logrado frenarlo un poco», declaró el rey Carlos Gustavo en referencia a una prensa alemana que tampoco pierde de vista los devaneos nocturnos de Magdalena y Carlos Felipe.