El mundo a los cuatro vientos Los habitantes de una aldea de las islas Fiyi pedirán perdón este jueves a los descendientes de un párroco inglés, que fue devorado en 1867 por los miembros de la tribu Navatusila
10 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.La de misionero es una profesión peligrosa. Lo es actualmente y lo era en 1867, el año en el que el reverendo Thomas Baker encontró la muerte en Viti Levu, una de las islas Fiyi: el párroco metodista acabó en una olla de caníbales, junto a otros ocho hombres blancos, y fue la cena en una aldea de la tribu Navatusila. Ahora, 136 años más tarde, los descendientes de aquellos antropófagos quieren disculparse ante los familiares de Baker, en una ceremonia que se celebrará este jueves. No será la primera vez que piden perdón y, además, hay otro motivo más allá del arrepentimiento detrás de sus actos. Los habitantes actuales de la aldea creen que una maldición pesa sobre su destino mientras el espíritu del misionero no pueda descansar en paz. Por eso, ya en 1993, la tribu se presentó en la iglesia metodista del archipiélago con las botas de Baker, lo único que quedó de él y que actualmente se exhiben en un museo en la capital, Suva. El calzado es testimonio del paso del misionero y de la dureza de los zapatos británicos: los Navatusila los cocieron durante una semana con bele , una verdura similar a la espinaca, pero se quedaron con las ganas, de lo correosos que eran. Algo más que disculpas Con este acto de contrición, los habitantes de una de las zonas más deprimidas de las Fiyi quieren algo más que disculparse. El interior de las islas dista de parecerse a la imagen paradisíaca que atrae cada año a miles de turistas a disfrutar del sol en las playas del Pacífico. Nabutautau, como se conoce en la actualidad a la infausta aldea, carece de suministro eléctrico y sus comunicaciones con otras poblaciones son precarias. El primer ministro, Laisenia Qarase, acudirá a la ceremonia del jueves, en un intento de reafirmarse en su promesa de contribuir al desarrollo en el interior de las islas. Además de las autoridades, se citarán once descendientes de Baker, que recibirán como regalo cien colmillos de ballena, considerados preciados tesoros en la sociedad tribal fiyiana. Curiosamente, fue también uno de estos colmillos el presente que el misionero entregó al jefe Nawawabalavu cuando se topó con la tribu que al final lo cocinaría. El diente servía de talismán y durante un tiempo protegió a Baker y los suyos, aunque el cacique les advirtió de que jamás abrazarían el cristianismo. El párroco confiaba en su misión y envió cartas esperanzadas a sus familiares. «No temo a los nativos -escribió- y espero llevarles el bien». La felicidad duró poco. Una noche, los hombres blancos vieron cómo llegaban cientos y cientos de aborígenes. «Seamos rápidos o nos matarán», se cuenta que alertó Baker a los demás. Fueron capturados y asesinados con una gran hacha. El motivo no está claro, pero la tradición relata que el párroco rompió una norma al tocar el pelo del jefe, al tratar de enseñarle cómo se usaba un peine. El hijo de Nawawabalavu ya pidió perdón en 1903, asustado por el «dolor» que decía sentir su tribu. Pero parece que el fantasma de Baker todavía persigue a los Navatusila. Según algunas guías, continúa siendo de mala educación tocar las cabezas según la etiqueta Fiyi. Ante la expectación que ha suscitado la noticia de la reconciliación, un portavoz del organismo nacional turístico fiyiano se ha apresurado a tranquilizar a los turistas: «No ha habido ni un solo caníbal aquí desde el siglo XIX. Hoy por hoy preferimos el pollo».