Este follón no estaba en el guión

La Voz

GALICIA

01 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EL CONSELLEIRO Jaime Pita se paseaba días atrás por los corredores del Parlamento con un traje de rayas de estrena y una sonrisa de anuncio de pasta blanqueadora. -¡Temos outros vinte anos de maioría absoluta por diante!, decía a quienes lo oían. Las rayas del traje obedecían a la moda de esta temporada y la sonrisa, a que el follón de Vigo no figuraba en ese guión no escrito de la política autonómica que culmina en las elecciones del 2005 con una victoria de la alternativa de socialistas y nacionalistas sobre el PP. La exhuberancia de Pita contrastaba con la mirada triste con la que Anxo Quintana observaba, en la mañana del martes pasado, a los viandantes desde las galerías de la cafetería del hotel San Martín, en Ourense. Acababa de oír, aunque no le hiciera falta porque ya lo sabía, el argumento pesimista de un compañero de siglas: «Podemos perde-la oportunidade que nos ofrece a retirada de Fraga para chegar ó Goberno». A Pérez Touriño también le cuesta sonreír estos días. Su voz destila una especie de morriña, nostalgia de un tiempo anterior al día en que Castrillo se empeñó en mantener su propuesta de gerente de urbanismo y Ventura lo expulsó a él y a los suyos del Gobierno de Vigo. Quintana, Touriño y muchos dirigentes de un bando y de otro tienen sus esquemas rotos. La crisis de Vigo no estaba en ese guión no escrito que concede a nacionalistas y socialistas un papel protagonista en la Xunta del pos-fraguismo. Cuando las expectativas electorales generadas por el Prestige quedaron insatisfechas en el recuento de las papeletas de las municipales, BNG y PSOE ya tuvieron que improvisar sobre el guión. Pero sólo había que recuperar fuerzas, aprovechar mejor la próxima ocasión y llegar sin más sobresaltos hasta el final previsto: una alianza de dos partidos que sucede a Fraga en la Xunta. Pero en estas aparecen Castrillo y Ventura y fumigan de pesimismo a sus respectivos compañeros de filas. Incapacitados por el shock y enzarzados en un intento para recomponer el pacto a medio plazo, muchos de ellos no caen en la cuenta de que dos años en política son demasiados. Y el guión, a pesar de la sonrisa de Pita, volverá a cambiar una, dos y cinco veces.