A Bush le da por el ripio

Barbara Celis D'Amico

GALICIA

PABLO MARTÍNEZ

El presidente de Estados Unidos dedica un poema a su mujer en el que cuenta cómo la echó de menos durante el viaje de Laura por Europa

06 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Ahora resulta que hasta Bush es poeta. Claro que a juzgar por sus versos, no ha debido de leer mucho a Walt Whitman o a Edgar Allan Poe. Su inspiración es tirando a básica y sus rimas tienen un sospechoso aire a Gloria Fuertes, con todos los respetos a esta grande de la poesía infantil. ¿Será que él y Aznar intercambian literatura? Desde luego, cuando su esposa Laura Bush recitó por primera vez sus versos públicamente el pasado viernes, no mencionó que su marido y su amigo español compartieran intereses literarios. Al contrario, Aznar siempre ha presumido de ser un hombre muy leído mientras que Bush siempre ha confesado no estar demasiado interesado por la palabra escrita. Hasta el momento, nadie sabía que a Bush le gustara inventar poemas de amor para su esposa pero la primera dama estadounidense pareció sentirse orgullosa de informar de ello y de recitar la esperpéntica poesía de su marido durante la ceremonia de inauguración del Tercer Festival Nacional del Libro en Washington. Nadie sabe lo que se les debió pasar por la cabeza a los asistentes a la gala cuando escucharon un poema en el que se invitaba a la primera dama a buscar aventuras aterrizando en un portaviones. «La distancia ha sido un dolor tan grande que la próxima vez que quieras aventuras simplemente aterriza en un portaviones». Con este verso cerraba sonriente Laura Bush la declamación del poema con el que el presidente la había recibido el día antes tras el viaje de cinco días que ésta realizó por Europa. «Es un gran líder y un gran marido pero seguro que los estadounidenses no sabían que también es poeta» aseguró la primera dama henchida de felicidad. La primera lectora Ella era la invitada de honor, puesto que la iniciativa de organizar un Festival Nacional del Libro partió de una idea similar que puso en práctica Laura Bush en Texas mientras su marido fue gobernador de aquel estado. Profesora y bibliotecaria de profesión y «primera lectora de este país», según el director de la Biblioteca del Congreso donde se celebraba la ceremonia, Laura Bush aprovechó su intervención para agradecer a los escritores sus «obras de misterio, historia y heroísmo» y aseguró que un buen libro es como «un prurito imposible de satisfacer». Pero la poesía de Bush no es precisamente un buen ejemplo de prurito insatisfecho, ni tampoco de diplomacia internacional: «Me pongo azul de ver como te besa el seductor francés» dice uno de los versos en referencia a los celos del presidente al ver como su enemigo acérrimo Jacques Chirac besó dos veces la mano de su esposa durante la visita de ésta a Francia. Saber si el poema es efectivamente suyo o sólo se trata de un golpe de efecto de sus asesores para recuperar la popularidad perdida es algo que sólo sabremos cuando Bush esté fuera del juego político y nos deleite literariamente con sus memorias.