TRÁFICO Y VIDA | O |
19 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.DESDE LOS inicios de la motorización, la presión del automóvil se ha ido haciendo cada vez más intensa y, junto a sus beneficios sociales, han ido creciendo también algunos efectos negativos: accidentes, incomodidades, deterioro del medio ambiente, etc. La motorización presenta algunas singularidades en el medio urbano: si los vehículos de motor plantean problemas estando en movimiento, ¿cómo no los van a causar estando en reposo? Nos referimos, por supuesto, a la creciente demanda de espacio físico para estacionar los coches, casi siempre insuficiente. El aumento del parque de vehículos en los núcleos urbanos, aunque previsible, siempre ha estado al margen de las estrategias municipales. La tarea de racionalizar el tráfico se ha vuelto así más ardua. Estas razones -expresadas de forma sintética-, junto a otras más, explican los movimientos surgidos en torno a la idea de restringir la circulación de vehículos particulares en el centro de las ciudades. De ahí la campaña La Ciudad sin Coche, que Francia promueve desde 1998. El espíritu de esta campaña se retoma durante la Semana Europea de la Movilidad, instituida en Bruselas en abril del 2002 en colaboración con la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea. El Día sin Coche, que tendrá lugar el próximo lunes en 230 ciudades españolas, debe enmarcarse dentro de estos movimientos de recuperación de la ciudad. No faltan otros precedentes que apuntan en una dirección similar, como los que nacen a partir del Libro Verde del Medio Urbano o de la fundación del Club de Ciudades Libres de Coches. Por supuesto, todas estas iniciativas resultan positivas. A pesar de todo, la gravedad de ciertos problemas requiere de la severa y persistente aplicación de medidas eficaces. Esto no está reñido con el hecho de que, al menos durante un día, la ciudad sea un espacio para el hombre y no justamente lo contrario.