Una difícil convivencia

Cristina Huete OURENSE

GALICIA

El presidente del PP ourensano, José Luis Baltar, recela ante la orden de Fraga de que entregue el poder urbano al alcalde Manuel Cabezas

13 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

En el año 1999 hubo otros poleiros en el PP además de aquel desde el que Mariano Rajoy, ahora sucesor de Aznar, supo que tendría que continuar su carrera política fuera de Galicia. En aquel mismo congreso, el presidente del PP ourensano, José Luis Baltar, retiró al ya alcalde de la capital, Manuel Cabezas, del comité ejecutivo gallego. Sin explicaciones. Sin precedentes. Fue el principio de una consolidada mala relación. El principio que sentaba las bases de dos carreras políticas tendentes a aniquilarse una a la otra. El principio que confirmaba que Cabezas, ahora en las quinielas como candidato a la sucesión de Fraga, se consolidaba como una alternativa de poder en la capital en un partido de clave provincialista. Ourense es una capital emergente, ahora con 109.029 habitantes, a costa del despoblamiento de la provincia, y predominantemente femenina, con 9.000 mujeres más que hombres. En ese mismo año de poleiros , el regidor ourensano había hecho pública su intención de repetir mandato y el presidente provincial comenzó a jugar con la ambigüedad: «Sí, pero no tanto», parecía decirle. Meses antes de las municipales, Baltar mareaba la perdiz hablando de presentarle una terna a Fraga, en la que incluiría a Cabezas, para elegir candidato a la alcaldía. Pero el regidor repitió madato y se consolidó como líder urbano -único alcalde del PP de las cuatro capitales gallegas- en contraposición al más rural que representaba Baltar, que comenzó a ver peligrar sus poderes absolutos desde el doblete de la presidencia del partido y de la Diputación. Desde entonces, su estrecha mala relación ha sido sonada, aun cuando los ourensanos han percibido que sus diferencias cunden en lo político más que en la gestión, donde mantienen posturas unánimes en asuntos de trascendencia: el traslado del estadio de fútbol de O Couto a Benposta; la urbanización de la finca Santamarina, la construcción de un centro comercial a orillas del Miño... Cuatro años después de aquel congreso del poleiro , un Baltar huidizo evita estos días su presencia en los actos públicos tras conocer el recado que Fraga le envió por Palmou: restituir el comité local del PP -el de la capital- que disolvió hace diez años y que debe presidir el alcalde. Una amonestación a Baltar en el delicado momento de las sucesiones; una encomienda que fortalece al líder urbano que aguantó amarrado al mastil del Concello el temporal que avecinaba aquel poleiro .