El mundo a los cuatro vientos Un juzgado obliga a hacer públicas las conversaciones de las últimas horas del 11-S en las Torres Gemelas, que revelan pánico y actos de heroísmo entre las víctimas
29 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.«La gente está atrapada en las escaleras, abran las malditas puertas». La voz suplicante pertenece a un desconocido hablando por radio con la policía. En ese momento, el hombre se encontraba en el piso 106 de una de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 y trataba infructuosamente de salir de la ratonera por el techo. A los pocos minutos, cuando se derrumbara la torre, sería uno entre casi 3.000 cuerpos calcinados. Otro comunicante señala que está viendo caer docenas de cuerpos , y gente saltando al vacío, a lo que una voz femenina al otro lado del teléfono, con asombro, le pide que repita; «gente, cuerpos... están cayendo desde el cielo», agrega el hombre. Una mujer informa de que el edificio se está desplomando a su alrededor. «El edificio está empezando... a venirse abajo a mi derecha», explica la voz femenina. Sin aire En otro momento, una angustiada mujer informa a un agente de lo que ocurre en el piso 106, en el restaurante Windows of the world : «La situación empeora rápidamente, tenemos, tenemos... nos estamos quedando sin aire, no exagero». La conversación sigue y ella pregunta «¿Podemos romper un vidrio?» parar respirar, a lo que le contesta el policía: «Pueden hacer todo lo que quieran para encontrar... aire», y el diálogo termina definitivamente. Unos ochenta empleados del restaurante murieron cuando la torre cayó. Durante más de un año, la propietaria de las torres, la Autoridad del Puerto, se negó a revelar esas grabaciones, pero The New York Times presentó una demanda judicial por considerar esos documentos de interés público, y el Puerto fue obligado por un juez a difundirlas. Las trancripciones conforman un documento de 2.000 páginas y abarcan casi cuatro horas de ese día convertidas en doscientas horas de llamadas. La mayoría de las voces sólo se identifican como de hombre o de mujer. En las transcripciones se confirma una vez más el heroísmo demostrado por los empleados de la Autoridad del Puerto, la policía y los bomberos, que se metieron en la boca del lobo. Como el caso de dos hombres, Frank de Martini, arquitecto, y Pablo Ortiz, inspector de construcción, que lograron despejar las salidas para que se salvaran 50 personas atrapadas entres los pisos 88 y 89 de la torre norte. Ambos murieron tratando de rescatar a más gente.