La ley del silencio en Arousa

Julio Á. Fariñas REDACCIÓN

GALICIA

Análisis | El trasfondo de la última operación antidroga El juez Taín puso al final en libertad con cargos al subteniente de la Guardia Civil García Bernal, detenido por colaborar, supuestamente, con los narcos arousanos

15 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Los maratonianos interrogatorios a los que el juez y el fiscal sometieron el pasado jueves a los tres principales detenidos por agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en la redada del lunes no dieron los resultados esperados. La ley del silencio, rota en contadas ocasiones, funcionó esta vez a la perfección. Nadie habló más de la cuenta. Esto, sumado a los pobres resultados obtenidos en los registros domiciliarios practicados el día de las detenciones, explicaría con creces por qué el granitero Baltasar Mouta Piñeiro y el subteniente de la Guardia Civil de Cambados Joaquín Eleuterio García Bernal, han quedado en libertad provisional sin fianza, pero con cargos. Sólo uno de los detenidos, Carlos Rodríguez Dios, ingresó en prisión. La decisión judicial no pilló a este último por sorpresa, ya que fue en la cocina de su chalé de As Sinas (Vilanova) donde aparecieron los únicos 20 kilos de cocaína incautados en esta operación, en la que al parecer se invirtió más de un año de investigación. El balance final de esta última marejada policial devolvió la calma al sector . La mayoría de los que el lunes habían puesto tierra por medio ya volvieron a sus puestos para llevar a cabo urgentes tareas de saneamiento interno, sobre todo en materia de seguridad. Mutaciones En el otro bando tampoco es tiempo de vacaciones, a pesar de que estamos en agosto. La vuelta a casa del subteniente de Cambados debería tener consecuencias a corto plazo, no sólo para este suboficial, sino para el conjunto del puesto de la villa del albariño del que el ahora imputado era uno de sus mandos. Los responsables directos de la investigación tal vez podrán sacar conclusiones interesantes de esta operación. La que resulta más evidente es que la información que atañe al funcionamiento interno de los grupos de narcotraficantes gallegos se queda desfasada casi de un día para otro. Personajes que hoy aparecen juntos en los preparativos de una operación, en cuestión de semanas pueden estar trabajando cada uno por su cuenta, con otros socios distintos, sin que uno sepa ya nada de los pasos que sigue el otro. Operaciones de tráfico de drogas que se empiezan, al final pueden no acabarse debido a desavenencias internas y/o con los colegas colombianos. Negociaciones que se inician a veces no llegan a concretarse en nada. En ocasiones, hay personajes que se embarcan en un negocio que, cuando se empieza a concretar, tienen que dejarlo, porque no disponen de suficiente dinero para hacer frente a los gastos de infraestructura. El narcotraficante gallego es un monstruo imprevisible en mutación permanente. Pero en esta operación también han salido a relucir, una vez más, signos externos de riqueza sobre los que existen fundamentadas dudas de que hayan sido adquiridos con los beneficios de negocios lícitos. Tozuda realidad ¿Van a ser objeto de investigación estos patrimonios? La vergonzante escasez de recursos humanos y materiales, tanto judiciales como policiales, para la realización de este tipo de investigaciones y la consiguiente caída en picado de las mismas no permite ser optimista. La tozuda realidad se empeña en dar la razón a ese inefable personaje que a mediados de la década de los noventa se vio desposeído de su particular Falcon Crest arousano y desde entonces no se cansa de repetir a todo aquel que le quiera oír que le han tomado por un chivo expiatorio.