El mundo a los cuatro vientos La Comisión Europea advierte que las prácticas del tatuaje y el «piercing» son caldo de cultivo para la transmisión de enfermedades como la hepatitis, el sida e incluso la lepra
17 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.¿Luciría usted un tatuaje en la ingle, simpático y seductor a la vez, como, por ejemplo, del Pájaro Loco? ¿Y uno de Billy Bob, calcadito al que lleva Angelina Jolie en su brazo izquierdo? No responda todavía... Voy a preguntárselo de otra manera, como lo hicieron ayer en Bruselas a los periodistas que se ocupan de las cosas comunitarias: ¿Se inyectaría en la piel un chute de pintura del coche?... Ya. Responda ahora. La Comisión Europea no se anduvo con remilgos al alertar sobre los riesgos que tanto los tatuajes como los piercings tienen para la salud. Un grupo de expertos de la Unión Europea (UE) dio a conocer ayer un informe en el que advierten de que prácticas como la perforación del ombligo para colocarse un pendiente son caldo de cultivo para la transmisión de enfermedades como la hepatitis, el sida, infecciones varias, alergias e incluso la lepra. El estudio le ha valido a Bruselas para constatar que este tipo de prácticas hacen furor. Sobre todo, entre los más jóvenes. En el Reino Unido, sin ir más lejos, se realizan al año unos 230.000 tatuajes. Dos millones de alemanes lucen un piercing como el de la eurovisiva Beth, al igual que hace un 20% de los adolescentes italianos. Y en España, un 6% de los chavales en la edad del pavo ha hecho que le pintaran un cromo en su cuerpo. Con todo, el Ejecutivo comunitario no parece dispuesto a librar una guerra contra las modas, ya que al eurocomisario que encargó el informe, el físico belga Philippe Busquin, lo que menos le agradaría es que lo acusaran de plasta y retrógrado. Pero cuando sobre la mesa se ponen víctimas con nombres y apellidos, la cosa cambia. El caso de Marco C., un joven de 24 años, escandalizó a los italianos el pasado mes marzo, cuando perdió la vida por una hepatitis contraída al hacerse una perforación en la lengua. Bruselas agrega que, en lo que va de año, son dos los europeos que han fallecido por culpa del piercing , e insiste en que «más de la mitad» de las perforaciones que se practican «pueden entrañar infecciones agudas». «Si la gente quiere hacerse un tatuaje o ponerse un piercing -dijo ayer Busquin-, nos gustaría que lo hicieran tomando las precauciones sanitarias adecuadas». ¿Pero cuáles son las precauciones? En realidad, la legislación de los Estados miembros es una auténtica jungla. Mientras países como Alemania, Irlanda, Portugal o Suecia carecen de normas específicas, Bélgica, Francia y Italia han impulsado guías de «buenas prácticas» para el piercing y los tatuajes. España aprobó un real decreto en el 2001 que se limita a fijar las normas sanitarias que deben cumplir los establecimientos. Bruselas está empeñada ahora en crear una base común para regular desde las condiciones higiénicas de los materiales, hasta el origen de los pigmentos. Y por si lo de meterse en la piel la pintura gris del coche no le da reparos, quizás no esté de más tomar nota de lo que dice el doctor Guiard-Schmid, especialista en infecciones del Hospital Tenon de París, quien sostiene que la cicatrización de la lengua tras una perforación tarda entre tres y seis semanas, plazo en el que no sería conveniente extenderse en acalorados besos con otra persona.