Educar para obedecer

GALICIA

TRÁFICO Y VIDA | O |

17 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EN ESTE periódico, el pasado día 13 de julio, se publicó un interesante trabajo -con inclusión de una encuesta sobre el tema- acerca de los accidentes de tráfico ocurridos durante los fines de semana y en los que participan jóvenes. Clara y rotundamente, la opción de las personas interrogadas -acerca del medio o la fórmula que mejoraría la cuestión- está en la aplicación de medidas educativas, una alternativa que, por cierto, ha sido mantenida en este mismo espacio con indeclinable convicción. El arte de convivir Educar es la piedra de toque, y sabemos que se educa desde la familia, desde el centro escolar, desde las instituciones y desde el seno mismo de la sociedad. Y si con esto decimos qué ha de hacerse y quién ha de hacerlo, cabe adjetivar tan lapidarias afirmaciones, añadiendo que, según entendemos, se ha de educar en el arte de convivir ordenadamente, en el ejercicio de la libertad responsable y, en definitiva, en el respeto mutuo. Non es sencillo, porque la tarea habría de comenzar teniendo en cuenta el funcionamiento del hombre como depositario de valores morales, buena parte de ellos de escasa cotización en los tiempos que corren, y en mayor grado los que implican el entendimiento de la primacía del bien común a costa del egoísmo o de intereses personales, que inciden en los avatares del tráfico y determinan la seguridad vial. Realidad social Conviene recordar que el tráfico es una actividad humana incardinada en la realidad social, cualificada por la utilización masiva de vehículos y que, aunque lo hace de distintas formas, nos afecta a todos. En este sentido, la evolución equilibrada de todo sistema de tráfico requiere de un conjunto de normas que han de obedecerse, como exigencia de un coherente desarrollo de la circulación. Y siendo la obediencia un valor moral que incide en el orden social, además de un acto voluntario, fácil es deducir dónde están las claves del orden en calles y carreteras.