El mundo a los cuatro vientos Una adolescente de doce años huyó el sábado de su casa en Inglaterra para ir al encuentro del «amor de su vida», un ex marine, de 31 años, con el que chateaba en la Red
15 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?oby Studabaker se despidió de sus amigos y familiares en Detroit el viernes por la tarde. Les dijo que iba a pasar dos o tres semanas en Europa, donde tenía la intención de reunirse con una amiga de 19 años que había conocido chateando en Internet. En su bolsa de viaje llevaba una Biblia, recuerdo de su paso por el Roseadle Bible College en Ohio, la foto de su mujer fallecida hace un año de cáncer, la carta de dimisión que presentó en junio al cuerpo de Marines estadounidenses alegando problemas en un hombro -los marines dicen que abandonó por «cuestiones personales»-, y un ramillete de condecoraciones deslavazadas fruto de su paso por la guerra de Afganistán. El sábado por la mañana temprano y en la otra orilla del Atlántico, en concreto en Wigan, pequeña localidad cercana a Manchester, la niña de 12 años, Shevaun Pennington, llenaba una bolsa de viaje, cerraba su conexión ADSL a Internet y se llevaba junto al pasaporte -a su madre, Joanna, le dijo que le hacía falta para sacar un abono de autobús- una fotografía del que decía era el hombre de su vida, que había conocido hacía un año por Internet: el ex marine Studabaker. El ex militar, de 31 años, llegó a Amsterdam en la mañana del sábado y desde allí saltó a Manchester, adonde llegó justo 15 minutos después de que la Shevaun abandonara su casa. El encuentro de los amantes en el aeropuerto fue intenso, nervioso, en el que la culpabilidad se relamía junto con la provocación. En el mismo aeropuerto embarcaron a las 14,35 con rumbo a Heathrow, aeropuerto de Londres, donde conectaron con otro vuelo que les llevó a París, ciudad en la que se dan cita los amores imposibles, los amores a distancia y ahora, los amores cibernéticos. La historia shakesperiana se veía teñida de cierta malandanza tarantina cuando el rotativo The Sun publicó que el soldado, que prometió al dejar su colegio «regresar para servir mejor a Dios», había sido interrogado por la Policía en 1998, acusado de tocar los pechos y las piernas de una niña de 12 años. La denuncia no progresó por falta de pruebas, pero la niña presuntamente acosada también indicó que el ex soldado dio a su prima de nueve años un afrodisíaco, motivo por el que también fue interrogado. La fuga de Studabaker y Shevaun ha llevado una vez más la polémica sobre la vulnerabilidad de los menores que navegan por Internet, que pueden ser fácilmente engañados por adultos y en especial por los carroñeros pederastas que revolotean día y noche por ese cielo de redes enredadas haciéndose pasar por menores. Los padres de la adolescente indicaron ayer que, preocupados por la cantidad de tiempo que pasaba su hija supuestamente chateando con jóvenes de su edad, colocaron el ordenador en la cocina y le impusieron un máximo de cinco horas al día de uso de Internet. «El problema es cuando no estábamos en casa, en alguna ocasión ha llegado a pasar más de once horas navegando por Internet», indicó Joanna. Los padres han descrito a la joven como muy adulta para su edad e incluso físicamente, con aspecto de mayor, muy alta, «aunque sería imposible confundirla con una joven de 19 años», indicó su padre, Stephen, y añadió, «espero que cuando ese hombre sepa la edad real de Shevaun tome una decisión correcta». Además, asegura que nunca ha tenido antes novio. A lo largo del día de ayer se sucedieron las noticias, a cual más contradictoria. La policía francesa aseguraba que no se ha encontrado el rastro de Studabaker, pero que era probable que viajaran desde allí a otro país europeo. Unas noticias señalaban que la adolescente había regresado a Liverpool, sin marine. Otra posterior decía que iban juntos. La última, que Studabaker se había puesto en contacto con la Policía para negociar su salida indemne de la aventura. Lo único que se sabe a ciencia cierta es que en esas misivas de pseudoamor forjado en la Red hablaban de casarse y tener hijos.