Ellas mienten más

La Voz

GALICIA

El mundo a los cuatro vientos Según un estudio, aunque los hombres llevan la fama de «comer una y contar veinte», son las mujeres quienes engañan respecto a su vida sexual. Pero ellas dicen menos de lo que hacen

14 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Aristóteles dijo un buen puñado de verdades que aún perduran en nuestro tiempo. Entre ellas, que «el castigo del embustero es no ser creído aun cuando diga la verdad». Esta también es una de las máximas que sostiene un equipo de investigadores norteamericanos tras investigar el comportamiento de marcianos y venusianas a la hora de hablar de su vida sexual. La conclusión es que, aunque no se les crea, los hombres dicen la verdad cuando alardean de sus proezas sexuales, o sea, cuando añaden otra muesca al mango de su recortada. Y que, por el contrario, las que mienten como bellacas son las mujeres cuando dicen que a ellas, eso de acostarse con cualquiera, más bien no; y que se pueden contar sus encontronazos sexuales con los dedos de la mano. Efectivamente, Terri Fisher, al mando de un grupo de estudiosos de la Universidad de Ohio, ha llegado a la conclusión de que las mujeres están tan preocupadas por su buen nombre que prefieren mentir y reducir el número de encuentros sexuales que mantienen en sus vidas. Porque claro, así, hasta ahora, las cuentas no salían. Si los hombres, por ejemplo, los británicos, decían que en sus vidas por término medio habían tenido relaciones sexuales con trece mujeres distintas, y las británicas decían que sólo se habían acostado con nueve hombres, había un pequeño problema de emparejamiento. Eso sí, ese fallo siempre podía justificarse por la creencia de que alguno, borracho hasta las patillas, o algún inocentón de discoteca se había ventilado en un desahogo rápido y comatoso a alguna mujer a la que ya asomaba entre el maquillaje su incipiente y varonil barba. Pero lo que ocurría era más sencillo, aunque menos divertido. Las mujeres han engañado a los sesudos investigadores del sexo chillout durante décadas. No solamente «olvidando» (así aparece en el estudio, entrecomillado) a algunas de sus presas sexuales, sino que también han añadido años a la edad en la que perdieron la virginidad, se niegan a reconocer que se masturban y que utilizan material pornográfico. «Las mujeres están tan preocupadas por que les acusen de fáciles que se niegan a ser honestas sobre su comportamiento sexual, incluso cuando se trata de investigaciones anónimas», indica Fisher. Qué tontería, si los hombres ya se olían que las únicas facilonas están encerradas en la casa del Gran Hermano o en hotelitos de escaso glam y mucho soterramiento, y que las que andan por las aceras de las ciudades sólo quieren to have a good time , o sea, disfrutar del jamón serrano. Encuesta anónima Para el estudio, el doctor Fisher y la doctora Michele Alexander, de la Universidad de Maine, pidieron a 96 hombres y 105 mujeres -voluntarios, heterosexuales y de entre 18 y 25 años-, que contestaran a las preguntas sobre su vida sexual. Se hicieron tres grupos. A uno se le dijo que sería absolutamente anónimo. A otro, que la investigadora podría emparejar sus caras con sus cuestionario. Y al tercero, que se les aplicarían electrodos para conocer si decían la verdad o no. Las mujeres del tercer grupo contestaron de manera muy distinta a las de las otras dos. El primer grupo dio una media de relaciones sexuales con distintos hombres de 2,6, comparado con el 3,4 obtenido del segundo grupo y la increíble cifra de 4,4 del tercer grupo. Entre los varones no hubo tales diferencias. En el tercer grupo se obtuvo una media de 4,0 mujeres frente a un 3,7 de los otros dos. Es decir, que si su esposa le ha confesado que antes de conocerle a usted se acostó tan sólo con otros tres hombres, amigo, ya puede ir haciéndose a la idea de que su mujer ha sido bíblicamente conocida por al menos otros seis gachós. Pero como siempre, también en este caso la ciencia viene a perturbar esas lagunas de misterio en los arrabales de la naturaleza humana. Y qué les importa a los hombres conocer los entresijos y la farmacología de la vida sexual de las mujeres. Es mejor que siga siendo un misterio, que guarde esa impenetrabilidad de los harenes, siempre es un reto y los retos son los que mueven a la humanidad, quizás lo que hace congeniar a los dos sexos.