LOS GALLEGOS padecemos de un escepticismo ferroviario agudo y patológico. ¡No es para menos! La última traviesa de la vía única hacia Madrid la inauguró Franco cuando millones de japoneses ya habían fotografiado la maqueta de su Tren Bala. Ante palmario diagnóstico del pueblo gallego, Cascos y Fraga aplican un tratamiento intensivo valiéndose de un escaparate por el que discurren cada día miles de escépticos ferroviarios.
12 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.La Autopista del Atlántico y las autovías son, por decreto, cotos vedados para la publicidad. Los únicos carteles que alteran la concentración del conductor le recuerdan el límite de velocidad o los kilómetros que restan para la siguiente salida. Pero he aquí que al borde del asfalto han comenzado a aparecer vallas publicitario-informativas que están promocionadas por Fomento y por la Xunta de Galicia. Los cartelones clavados en el margen de la Autovía del Noroeste en territorio municipal de Cambre o los que decoran la A-9 a la altura de Santiago o de Caldas tienen un mensaje unívoco: el AVE se publicita, luego existe. Cierto es que el conductor tendría que tocar el freno hasta el extremo de constituir un peligro para los que le preceden, si quisiese leer la letra pequeña de las vallas. Aquella que relata, por ejemplo, que se trata de las obras de un subtramo de un tramo del Eje Atlántico. Lo que no presenta dificultad de lectura desde el vehículo por el magno tamaño de las palabras es Alta Velocidad , aunque también sea alta la velocidad del conductor. Detrás de algunos de los carteles se aprecia el movimiento de tierras. Tras otros hay que imaginar que las excavadoras están porque verse no se ven. La ofensiva de reafirmación de Cascos y Fraga a costa de vallas allí donde nadie más las puede instalar difícilmente mitigará el escepticismo crónico de los gallegos con el ferrocarril. Éste requiere un tratamiento por shock para su curación: en un tiempo por venir, un nativo va por la autopista y, allí donde la vía se acerca más al asfalto, le adelanta un tren por vez primera en su vida. ¡Curado! Salvo que el acontecimiento se produzca muchos años después de lo que las vallas de Álvarez Cascos y Manuel Fraga ahora prometen.