Pérez Mariño marca estilo

Miguel Á. Rodríguez VIGO

GALICIA

Reportaje En tres días, saludó uno a uno a sus funcionarios, le declaró la guerra al botellón, visitó Oporto, pidió audiencia a Fraga y a Cascos, y medió entre el Celta y Citroën.

21 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

El PSOE le dio carrete a Ventura Pérez Mariño para que tejiese su pacto de gobierno con el BNG en Vigo. Y le salió bordado. El otrora juez de la Audiencia Nacional (el primero que enchironó a Mario Conde) firmó la coalición con Castrillo sólo media hora antes del pleno de investidura. Después empuñó el bastón de mando y se juró a sí mismo poner patas arriba el Concello. Tardó veinte horas justas en ejercer. Y lo primero que hizo fue asomarse al palco de Balaídos y ver cómo el Celta se incrustaba por vez primera en la Liga de Campeones. En plena campaña electoral, el entonces candidato del PSOE anotó una queja durante una visita al centro de educación especial San Rafael. Los chavales reprocharon al Celta el recorte aplicado en el talonario de invitaciones. Horas antes del duelo con la Real Sociedad, el ya alcalde marcó el teléfono del colegio: «¡Tengo dos entradas!», dijo, y en su propio coche, junto a su hijo, recogió a dos alumnos del San Rafael, deficientes mentales, a quienes sentó a la vera del presidente del Celta. Inundación de gestos Ventura inundó su primera semana de gestos. Empeñado en imprimir eficacia en una mastodóntica Administración municipal que derrama vicios por cada agujero, el regidor amaneció el lunes hambriento de acción. A las ocho en punto citó a «todos» los funcionarios y concejales en el Auditorio y les derramó doctrina. Después invitó a cuanto edil se prestase (sólo quiso el veterano Manoel Soto) a una gira por el Concello. Uno a uno, visitó cada recuncho del estirado edificio cúbico que sirve de barrera entre el florido balcón del Castro y el Casco Vello; y apretó cada mano que se cruzó en su camino. Al día siguiente, dejó boquiabierto a más de un funcionario al saludarlo por su nombre. Su primera comida oficial la hizo con los Misioneros de los Enfermos Pobres y su primer viaje internacional fue a Oporto para asistir a una asamblea del Eixo Atlántico. Aprovechó el trayecto para invitar al alcalde de Santiago, Sánchez Bugallo, a comer en plena autopista. Un día antes, solicitó audiencias con el presidente de la Xunta, el conselleiro de Política Territorial y el ministro de Fomento. «Quiero repasar los temas pendientes -dice-, y necesito tratar con Fraga y Álvarez Cascos las inversiones y proyectos que están en los presupuestos y los que deberíamos apuntar para los próximos». Convencido de que es una asignatura pendiente, el capítulo de las relaciones externas es crucial para el nuevo regidor vigués. Días antes del 25-M, invitó a Francisco Vázquez, José Orozco y Sánchez Bugallo a pasear por las calles de Vigo. Presa de su agenda, falló el alcalde de Lugo. Ya en la calle, Vázquez le espetó a una decena de periodistas: «¡Por fin vais a tener el alcalde que esta ciudad merece!» y añadió: «A partir de ahora, Vigo y La Coruña están llamadas a grandes cosas». Nada más ocupar la alcaldía, Pérez Mariño volvió sobre la misma reflexión: «Las relaciones Vigo-Coruña deben ser magníficas y las disputas hay que dejarlas para el fútbol. Acabaremos con guerras estériles como la de los puertos o los aeropuertos». «Efecto Pérez Mariño» Mito o realidad, el «efecto Pérez Mariño» existe. Y se nota. Cerca de una decena de medios de comunicación extranjeros están en lista de espera para entrevistarlo y pedirle su receta. Hay quien dice que el ritmo «caerá por su propio peso», otros lo acusan de centrar su proyecto en la reorganización municipal y carecer de un discurso de ciudad. Para algunos planea todavía sobre su figura política la espantada que protagonizó como parlamentario en cuanto olió el tufillo de los GAL. Pero, al menos por ahora, sus maneras tienen en estado de shock a la oposición y a sus socios de gobierno. Se resiste a llamar sorpresas a sus medidas «porque todas fueron meditadas», pero a renglón seguido advierte de que no ha hecho más que empezar. El primer día recorrió el Concello hablando con los trabajadores, y al día siguiente saludaba ya a muchos por su nombre Apareció en el palco del estadio de Balaídos con dos deficientes mentales a los que?el Celta olvidó?invitar al partido