Dos mil personas desbordaron ayer la iglesia viguesa de Santa Mariña durante el funeral en memoria de Vicente Lemos Haya y Rosa Gil Blanco
07 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Cerca de dos mil personas desbordaron ayer la iglesia y el cementerio parroquial de Santa Mariña de Cabral para dar el último adiós a Vicente Lemos Haya y a su mujer Rosa Gil Blanco, las dos víctimas mortales del atentado perpetrado el martes en Redondela. Los féretros, procedentes del tanatorio Vigomemorial, llegaron a las cinco de la tarde, en medio de un conmovedor silencio que sólo era roto por el repicar las campanas. Tras el funeral, los cuerpos recibieron sepultura poco antes de las seis de la tarde. Vicente y Rosa siempre dijeron que querían ser incinerados, pero la magistrada que instruye el caso no lo permitió por si fuese necesario realizar una segunda autopsia. Unidos por la tragedia Además de innumerables vecinos de las parroquias de Cabral y Vilar Infesta, participaron en la ceremonia miembros de las dos familias afectadas por las bombas trampa. Estaba también un nutrido grupo de amigos del matrimonio y compañeros de su hijo. Muchas de las decenas de coronas de flores que cubrían la entrada de la iglesia habían sido enviadas por los compañeros de trabajo de Vicente en Pescanova. Ver conmovidos incluso a sus subordinados demostraba que era un jefe especialmente querido en la factoría redondelana. También asistieron al sepelio los alcaldes de Vigo y Redondela, Lois Pérez Castrillo y Xaime Rei, respectivamente; el delegado del Gobierno en Galicia, Arsenio Fernández de Mesa; el subdelegado del Gobierno en Pontevedra, Alejandro Millán Mon; y el presidente y el director del Grupo Pescanova, Manuel Fernández de Sousa-Faro y Fernando Paz Andrade, respectivamente.