La mayoría de los ciudadanos gallegos que residen en grandes ciudades parecen relativamente contentos con la labor de sus respectivos ayuntamientos. La encuesta realizada este otoño por Sondaxe indica que en cinco de las siete urbes los equipos de gobierno municipal obtienen puntuaciones por encima de cinco puntos. Sólo suspenden Ferrol y Vigo, ambas con alcalde nacionalista, donde, además, los vecinos tampoco se muestran demasiado satisfechos con la labor de una oposición que, por otro lado, obtiene las peores valoraciones de toda la comunidad, por debajo de los cuatro puntos. De hecho, en todas las ciudades gallegas los ejecutivos municipales despiertan muchas más simpatías que los grupos de la oposición, lo que viene a confirmar, en cierta manera, esa máxima que acusa a los habitantes de esta comunidad de sentirse más cercanos a quienes ya están en el poder que a quienes pretenden estarlo. Cambios En ese sentido, conviene destacar que la posibilidad de que la mayoría de las alcaldías cambien de color en unas próximas elecciones no depende de fluctuaciones masivas de votos, sino de porcentajes en ocasiones muy pequeños que pueden minar posibles coaliciones, e incluso de decisiones en el seno de los partidos que acaben permitiendo que gobierne la lista más votada aunque no tenga mayoría absoluta. Sólo A Coruña, donde Francisco Vázquez saca siete escaños de ventaja a la oposición, parece alejada de cualquier posibilidad de cambio político municipal, al menos a corto plazo. De hecho, es en esa ciudad donde la distancia entre la valoración que obtiene el partido en el poder y la de las formaciones que lo pretenden alcanza la mayor cota de Galicia, con dos puntos de diferencia. Utilizando esa combinación de factores -diferencias de valoración y distancia en escaños entre gobierno y oposición-, puede deducirse que en el resto de ciudades ningún regidor lo tiene tan fácil como el coruñés, y ninguna oposición tan difícil como la que se enfrenta a él. Finalmente destaca el hecho de que, de nuevo, los habitantes de ciudades donde un alcalde nacionalista gobierna en coalición con el PSOE -Ferrol y Vigo- sean los que puntúan más bajo tanto al poder como a la oposición municipales, mientras los vecinos de Pontevedra puntúan con un 5,4 la labor de un ejecutivo del BNG en solitario.