Con la detención de José Manuel Alonso dos Santos, Manel , jefe del clan de los Viriatos, los servicios antidroga españoles y portugueses se han sacado de encima una pesadilla crónica. Este portugués nacionalizado en España y afincado desde hace al menos dos décadas en A Guarda siempre vivió al filo de la legalidad. Su primera detención por narcotráfico data de marzo de 1991, tras ser apresado el pesquero Joi con 2,5 toneladas de hachís en las costas portuguesas. Dos años más tarde fue condenado a seis años y ocho meses de cárcel. Manel no se adaptó bien al régimen del penal de Paços de Ferreira. El 24 de junio del año siguiente obtuvo el primer permiso de salida y decidió no volver a la cárcel. A pesar de su condición de prófugo no tuvo empacho en exhibirse por las calles de A Guarda, donde tenía fijada su residencia familiar. Unos meses más tarde constituyó una empresa dedicada a la «enseñanza de formación y perfeccionamiento profesional y educación no superior», que, entre otras actividades, impartía cursillos subvencionados. Tanto descaro provocó las iras de sus vecinos que, convocados por los colectivos antidroga del Baixo Miño, llegaron a reunir más de mil personas en una manifestación ante su domicilio. Volvió a la cárcel, pero salió pronto y se dedicó de lleno a los negocios. Entre sus actividades legales destaca la de constructor, que ejerce a través de la empresa Guardasa Blanca Inés, S.L. En esta firma, que se dedica fundamentalmente a la restauración de casas rurales, figura su ex mujer como administradora única y él como apoderado. Debe de ser un negocio boyante porque, según comentaron a este periódico vecinos de la zona, paga a sus empleados salarios un 30 o 40% superiores a la competencia. Entre sus hobbies figura la cría de caballos en establos con aire acondicionado.