Un ourensano, detenido por un robo que no cometió y liberado sin explicación alguna, ha tenido que cambiar de domicilio por el acoso al que le somete la policía a causa de su raza
15 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.La última detención sufrida por Jorge Montoya Gabarrés, apellidos que de forma paladina dan fe de sus orígenes étnicos, ha escocido especialmente a este joven que hasta hace nada vivía en O Carballiño (Ourense). Ha decidido cambiar de ambiente y de residencia, porque cree que la Guardia Civil lo persigue sin motivo. Tiene la sensación de que le vigilan permanentemente y que le relacionan con actividades delictivas sólo porque es gitano y porque, de chaval, se vio enredado en un robo. No es un ángel, ha tenido sus broncas, pero se niega a ser sospechoso habitual de todo lo que ocurra allá donde esté. La forma en que fue detenido el pasado 2 de septiembre, lunes, aún le duele. Vivía en una céntrica calle de O Carballiño. A las diez de la mañana, esposado, fue trasladado desde su casa al cuartel de la Guardia Civil, en medio de un tremendo despliegue, con tres vehículos oficiales, que no pasaba desapercibido en una villa con poco más de 12.000 habitantes. Le arrestaron como supuesto autor de un robo, pero a las tres horas le dejaron marchar. No le ofrecieron, dicen él y su abogado, explicación alguna. Se enteraron dos días después por una sucinta referencia de prensa: la Subdelegación del Gobierno informaba de la detención de J.?M.?G., de 26 años, por su presunta implicación en el robo de un Ford Escort OR-7739-M, que desapareció en O Carballiño y apareció después en la localidad coruñesa de Carballo. Una mala noche Había sido una mala noche la del 22 al 23 de agosto, con varios robos en la villa. A Jorge le sustrajeron unas gafas de sol, una cazadora, varios discos compactos y parte del equipo de música de su coche. Denunció los hechos ese mismo día a la policía local de O Carballiño, que dio cuenta de ella a la Guardia Civil. ¿Cómo se le pudo relacionar con el robo? Ni él ni su abogado lo saben, aunque sospechan que tal vez apareciese algo que los condujese a él. «Lo normal -argumenta el afectado- sería que me preguntasen. Pero no, en vez de eso, pasé a ser sospechoso. Supongo que por apellidarme como me apellido. Me parece injusto». Cree Jorge que fue víctima de una detención ilegal, y así lo ha denunciado ante el Juzgado de Primera Instancia número 1 de O Carballiño. Al solicitar el amparo judicial y la depuración de las responsabilidades a que haya lugar, pide también que se le digan cuáles eran los indicios o las pruebas que motivaron su detención. A Jorge le hace gracia que uno de los clásicos de Oscar Wilde se titule La importancia de llamarse Ernesto . Él sospecha que apellidarse Montoya también es importante, pero en sentido negativo.