Un «embajador» gallego en la ONU

Carlos Cortés
Carlos Cortés MONFORTE

GALICIA

Un monfortino izó ayer en Nueva York la bandera de Timor Oriental en la sede de las Naciones Unidas en el acto de incorporación de este país al organismo internacional

27 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Timor Oriental es ya el estado número 191 de la ONU. Altos dignatarios de todo el mundo participaron en los actos oficiales de ayer en Nueva York, cuyo momento más solemne estuvo en manos de Jorge Baliña Sabucedo. Este monfortino de 34 años izó ayer por primera vez en la sede de la ONU la bandera roja, amarilla y negra de la isla asiática que fue colonia portuguesa primero e indonesia después. En su casa de Nueva Jersey y antes de salir hacia Manhattan, Jorge Baliña se confesaba «superilusionado y orgulloso». Él fue uno de los pocos policías de la ONU que se negaron a abandonar la capital timoresa en 1999 cuando los paramilitares proindonesios trataron de tapar con sangre el resultado del referéndum de independencia. Fue el propio Xanana Gusmao, el primer presidente del Timor Oriental libre, el que pidió que Baliña levantase ayer la bandera de su país. «Kai Rala tiene buena memoria», contesta este monfortino que trabaja para la ONU desde hace once años cuando le preguntan por qué lo eligieron precisamente a él. Kai Rala es el alias adoptado por Xanana Gusmao cuando se enroló en la lucha clandestina contra la invasión indonesia. Y su buena memoria tiene que ver con la jugada que idearon Jorge Baliña y sus compañeros para salvar la vida a su padre en medio de las matanzas que se sucedieron entre el referéndum de independencia y la retirada indonesia. «Hicimos correr el rumor de que el padre de Xanana Gusmao había muerto porque sabíamos que lo buscaban las milicias», recuerda. La treta surtió efecto. El único que no se creyó el embuste fue el ahora presidente, que fue avisado telefónicamente por el propio Jorge Baliña a través de la embajada portuguesa en Yakarta, la ciudad en la que Xanana estaba recluido. Baliña recuerda con mucho cariño su misión en Timor. También las de Palestina, Mozambique y Angola -donde conoció a su esposa-, pero Timor es especial. A Jorge Baliña le gusta imaginarse «de viejecito» con una casa allí y otra en Monforte. «Imagínate, poder pasar los veranos en Galicia y los inviernos en Timor...», afirma.