La instalación de Carrefour, en noviembre de 1995, apenas llegado Manuel Cabezas a la alcaldía de la capital, generó el primero de los cismas del PP en esta provincia: puso al ourensano contra el regidor de Barbadás, José Manuel Freire Couto, hombre de confianza del presidente provincial, José Luis Baltar. A falta de entendimiento con su partido, Cabezas se entendió -bien es cierto que sólo en este caso puntual- con los grupos de la oposición. PSOE y BNG prestaron su artillería política al regidor ourensano y le insuflaron en todo caso el ánimo del derribo para la hipótesis de un fracaso en la negociación con los directivos de la multinacional. Y resultó que la negociación nunca fue tal: Carrefour se creció al verse amparada por las normas de urbanismo de Barbadás -incluyeron como propia toda la superficie que ocupa el hipermercado, también el terreno de Ourense- y ofrecía, desganada, pequeñas infraestructuras que la corporación consideraba insultantes. No hubo más. El Concello ourensano recurrió a la vía judicial y ésta ordenó a Freire Couto el derribo. Éste se asombró: «Es inejecutable». Cabezas no lo consiente.