Los vecinos de Escarabote recogen 2.500 firmas para evitar, sin éxito, el traslado a Moaña de su párroco
15 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Manuel Rey Escarís, don Manuel, apaga las velas del altar tembloroso y emocionado. Los aplausos enfervorizados de sus feligreses suenan muy fuertes en la pequeña iglesia de Santiago de Lampón, situada en Escarabote, Boiro. Tanto que acallan en parte los llantos de muchos devotos, que ven con impotencia cómo su párroco, el de toda la vida, les abandona a su pesar. Las llamas de los cirios se extinguen, como sus 38 años a cargo de la parroquia, para encenderse en Moaña, el destino que la Iglesia le ha reservado. Don Manuel acaba de oficiar su última misa en la localidad. Se le notaba emocionado, aunque intentara ocultarlo. Habló del perdón -«non significa renunciar á liberdade nin ós dereitos, senón renunciar á maldade»-, dijo, y animó a todos a conocer el evangelio, «donde hai cousas que nos poden axudar a atopar a felicidade». Y, tras una comunión inusualmente concurrida, llegó la hora del adiós. Agradeció a todos tantos años de cariño, pidió disculpas por los errores que pudiese haber cometido y solicitó un último favor: «Que acollan con moito cariño ó novo cura». Las lágrimas comenzaron a surcar los rostros de muchos devotos, que después fueron a despedirse personalmente de su párroco a la sacristía. Firmas de apoyo Los vecinos de Lampón han reunido más de 2.500 firmas para que don Manuel se quede en la parroquia, y están a la espera de una entrevista prometida por el arzobispo de Santiago, Julián Barrio. Pero saben que tienen pocas posibilidades, y por ello la misa del domingo fue especial. Aunque no resignados, son conscientes de que podía ser el último día en que su voz sonara desde el púlpito, y el templo se llenó. «É moi difícil que a Igrexa dé marcha atrás; pensan que sentaría precedente e daría mala imaxe. Non hai nada que facer», decía resignado un parroquiano. Pero eran las mujeres quienes más exteriorizaban sus sentimientos. «Váisenos unha xoia de persoa», decía entre sollozos una feligresa. Incluso hubo quien pensó en encerrarse en la iglesia al concluir el oficio, pero la idea finalmente no se materializó. La plataforma vecinal fundada en Lampón para intentar que Manuel Rey se quede no tira la toalla. Uno de sus integrantes, Juan Jesús Ares, explicó que si las razones que expone Julián Barrio no son convincentes, «estamos dispostos a encher autobuses e plantarnos en Santiago». Pero, por lo de pronto, Manuel Rey tiene que incorporarse en Moaña el 29. ¿Cómo se encuentra? «Las despedidas siempre son muy tristes», responde sin poder ocultar la emoción. Él acata la decisión de la Iglesia. Los vecinos recordarán a Manuel Rey también por una importante labor aparte de la eclesiástica. En su haber figura la fundación del Sporting Lampón e impulsar la construcción del campo de fútbol. En una de las paredes del templo, una placa colocada por los feligreses recuerda a José María Lago Hermo, el que fuera párroco de Lampón entre 1933 y 1975 y quien llevó a don Manuel como ayudante. Cuando murió, se quedó a cargo de la parroquia. ¿Tendrá Manuel Rey otra placa en reconocimiento? «Algo habrá, seguro. Su huella es imborrable», dice un miembro de la plataforma contra el traslado del párroco.