El responsable de la política exterior de la UE reivindica su condición de veterano veraneante en Galicia y se congratula «de que otros tengan mis mismos gustos»
19 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Le gustan más las navajas que los percebes y, pese a veranear con vistas al mar, pasa más tiempo en el monte que en la playa. Javier Solana Madariaga, míster Pesc, disfruta de sus últimos días en su paraíso estival, en Cela, parroquia de Bueu, el territorio de su «vida humana» frente a su agitadísima y globalizada existencia cotidiana. «En esta época de mi vida, Galicia aporta lo que me gusta del verano. Paso un año demasiado ajetreado, demasiado rápido. Aquí busco lo contrario. La tranquilidad. El poder ir andando prácticamente a todos los sitios. El subir al monte, bajar al mar andando. Prácticamente ni me monto en el coche. Ya paso el año en el avión. Vivo a un ritmo más humano», explica el responsable de la política exterior europea debajo de una parra de la casa que alquila en Bueu. El ourensano Miguel Muñiz, presidente del Instituto de Crédito Oficial durante los gobiernos socialistas y hasta el año pasado consejero de Caja Madrid, atrajo a Solana a Bueu hace más de un lustro: «Sí, vine por él. Es un gran amigo mío y un gran gallego, y su mujer, una gran pianista. Tienen una casa aquí. Y cerca quedó una que podíamos alquilar». Se trata de una vivienda de piedra, con un gran portón custodiado por guardaespaldas. Una magnífica vista de la ría corona el jardín. Turismo rural Sobrino nieto de uno de los más destacados políticos gallegos del siglo XX, el coruñés Salvador de Madariaga, Solana siempre se sintió atraído por Galicia. «Ya veraneé en Nigrán, cuando mis hijos eran niños. Y he sido un buen consumidor de las casas rurales. En una de cerca de Santiago pasamos la noche del fin de siglo, con Xerardo Estévez, Muñiz y el economista Miguel Ángel Fernández Ordóñez». Aquel día del cambio de milenio aprovechó para hacer un tramo más del Camino. «Soy muy andarín», explica, aunque estos días «estoy un poco más lisiado, porque corriendo por el monte me dio un tirón que no acabo de curar». Sus sesenta años recién cumplidos no le impiden a míster Pesc darse grandes palizas por los montes de O Morrazo. «Me paso unas dos horas en la montaña. Conozco muy bien los caminos. Por aquí pasa una gran ruta europea, la 59, que tiene tramos preciosos, maravillosos». Powell y Kostunica Antes del deporte, Solana comienza su día sobre las ocho y media de la mañana con la lectura de la prensa. Después del ejercicio, consulta el correo electrónico y atiende el teléfono. El viernes, por ejemplo, habló con el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, y el presidente yugoslavo, Kostunica. «Si me queda tiempo antes de comer, me doy un chapuzón en cualquier playa de por aquí. Me gusta sobre todo Lapamán. Como con los amigos y seguimos de tertulia hasta las cinco o más. Después vuelvo a casa, a leer y me quedo por aquí o bajo a cenar». La antigua Yugoslavia, por su nueva constitución, y la violencia en Oriente Próximo han centrado la atención veraniega de míster Pesc, que aterrizó en Galicia tras un gira por India, Pakistán y Afganistán. No pierde de vista a Latinoamérica, «un área muy próxima para todos los europeos, no sólo los españoles». Y reflexiona sobre el mundo que nació el 11 de septiembre del 2001. Aquel día Solana estaba en Crimea, en una cumbre de la UE y Ucrania. «Habíamos comido en el antiguo refugio de caza de Stalin, ampliado después por Breznev. Y habían traído para amenizar el café a unos muchachos que tocaban ¡¡jazz!!. Allí recibí un mensaje encriptado en el móvil con la noticia». Aunque departió con algunos compañeros del PSOE gallego, Solana utiliza el verano para descansar. «No tengo ni idea de si el verano en Galicia está de moda para los políticos. Yo vengo desde hace tiempo y me alegro de que otros tengan mis gustos», dice con socarronería. De Galicia destaca el desarrollo de las infraestructuras: «Como España entera, ha pegado un gran salto». De la política gallega, ni una palabra. «No vivo aquí. Soy un político español, pero vivo fuera», aduce. Y aunque hace un año apoyó a Touriño, de las últimas elecciones sólo dice saber una cosa: «Ganó Fraga».