Explosionan en Vigo por temor a un atentado un coche con la placa «doblada» por error

M. GROBA VIGO

GALICIA

Un perro adiestrado confundió a los desactivadores de la Guardia Civil alertándoles de que en el turismo había una bomba Un cúmulo de casualidades hizo creer ayer a la Guardia Civil que algún grupo terrorista había estacionado un coche bomba frente al cuartel de Vigo. La dueña no se percató de que había aparcado en un lugar prohibido. Debido al error de un troquelador, desde hacía dos años llevaba sin saberlo la matrícula de otro coche. El perro de los desactivadores se equivocó e indicó que había explosivos.

05 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

La noticia de un posible atentado terrorista en el cuartel de la Guardia Civil de Vigo conmocionó a la sociedad gallega a primera hora de la mañana de ayer. La presencia durante toda la noche de un Hyundai Atos GLS de color gris provocó las sospechas. Todas las alarmas saltaron cuando los agentes comprobaron que las placas de matrícula que llevaba, 4374-BBN, correspondían realmente a un Renault Scenic matriculado en Barcelona. El atentado terrorista pareció confirmarse definitivamente cuando un perro adiestrado indicó a los especialistas desactivadores que el coche contenía explosivos. El instituto armado, con la colaboración de la policía local, aplicó estrictamente el protocolo previsto para estos casos. Ante cientos de curiosos, fueron acordonadas y cerradas al tráfico de coches y peatones las calles Barcelona y Sevilla. Las tiendas fueron desalojadas y se dio aviso a los vecinos de los edificios próximos para que no saliesen de sus casas ni se acercasen a las ventanas. A las diez y diez se llevó a cabo la voladura controlada del maletero del vehículo. No se produjo la gran explosión que esperaban los agentes. En esa parte del automóvil no había nada más que una pequeña alfombra, unos zapatos y los triángulos de emergencia obligatorios. Tras revisar el número de bastidor y la documentación del coche, que estaba en el interior, los agentes comprobaron que uno de los números de la matrícula era distinto sólo por un dígito al que figuraba en los papeles. También apareció el teléfono móvil de la propietaria. Estaba a menos de un centenar de metros, en una habitación del Centro Médico Povisa. Había oído la explosión, pero no se había imaginado que la detonación había sido en su propio coche, que había aparcado la noche anterior frente a una tienda de deportes, en el número 57 de la calle Barcelona.