El viacrucis del capo de A Modia

La Voz

GALICIA

VITOR MEJUTO

Oubiña sólo saldó parte de una de las tres deudas que tiene pendientes con la Justicia Es posible que Laureano Oubiña hoy se haya sumado a la huelga, en la medida en que se lo permiten sus condiciones de recluso. Motivos no le faltan. Con 56 años, una condena de caso cuatro años y medio de cárcel a medio cumplir, otra de casi siete que le acaba de caer y otros tantos que le quedan por venir.... Cuando salga difícilmente va a encontrar trabajo como capataz, el empleo que reza en su cartilla de la Seguridad Social.

19 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Con los conocimientos de Derecho que lleva adquiridos en sus años de presidiario y el brillante equipo jurídico que le rodea, es más que probable que ya tenga claro cómo hacer frente a los efectos del decretazo . ¿Tan malo es este capo oriundo de la humilde aldea cambadesa de A Modia? Los que lo conocen bien, tanto por razones profesionales como por el trato personal, aseguran que no es un santo, pero que el león no es tan fiero como lo pintan. Hay quien dice -y no la falta razón- que a Laureano Oubiña le pierden los modales, muy ligados a su carácter primario e impulsivo y que no ha sido muy hábil a la hora de elegir a sus asesores. Camionero Después de unos comienzos como camionero disponible para todo tipo de cargas, pudo haber pasado a la historia como un contrabandista más de las rías. Pero los altibajos en el negocio le llevaron a una huida hacia adelante. De entrada las cosas le salieron bastante bien. Se recuperó pronto de los quebrantos económicos, se aficionó a los puros habanos de las más cotizadas marcas y se encontró de golpe con tantos excedentes dinerarios que no resistió la tentación de la ostentación y de morder la tentadora manzana del Pazo de Bayón. Una fruta golosa que una serpiente venenosa que entonces se movía e su entorno le puso en la boca. Tal vez él y su difunta esposa pensaron que les estaban brindado una oportunidad de oro para montar su Falcon Crest y dedicarse a la tranquila vida del campo. Ello justificaría las millonarias inversiones que realizaron en una propiedad que nunca admitieron, pero que la Justicia se encargó de demostrar que les pertenecía. Tal vez nunca se pararon a pesar que, en realidad, lo que estaban era construyendo su panteón fúnebre. A partir de ahí todo lo que les ocurrió al matrimonio era perfectamente previsible. Primero llegó la operación Nécora, Oubiña volvió a picar de nuevo el anzuelo y se convirtió en la estrella de aquel macroproceso. Su renombre era tal que, a pesar de que eran cerca de medio centenar los encausados y Oubiña no empieza por A, la mayoría de las diligencias hacían referencia a «Laureano Oubiña y otros...» Llegó al juicio muy resabiado, se enfrentó a todo aquel que se le puso por delante. Aunque penalmente la cosa no le salió del todo mal -de los 31 años que le pedía el fiscal, al final el Supremo sólo le confirmó una condena de seis por delito fiscal, no por narcotráfico-. Aquella sentencia lo liberó sólo temporalmente del sambenito de narco, pero él debió entender que le daba patente de corso. Tal vez por eso inundó los juzgados de querellas. Se equivocó una vez más. No tardó en retornar a la cárcel. Su viacrucis particular sigue y todo hace pensar que va a completar las 14 estaciones.