«Vivo de otro tipo de turismo y de vender piedras»

La Voz

GALICIA

11 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Conchita firma autógrafos a un grupo de escolares adolescentes antes de fotografiarse con ella. Después reparte folletos. Los tiene hasta en mandarín. Pero no en gallego. De Galicia casi ni se acuerda. Dice que ya no tiene familia en su tierra. Y si le queda alguna, tampoco muestra entusiasmo por recuperarla. A diez minutos de camino de donde Fraga y una terna de estadistas juegan a componer la parte del mundo con más complicado arreglo, la pacifista viguesa sobrevive con la venta de unas piedras pintadas con sus proclamas y lo que ella denomina «otro tipo de turismo». Un apaño que debe ser rentable, al menos para realizar decenas de copias de sus panfletos y tarjetas con la dirección de su página web. Conchita relata sus penas. Los policías se burlan, le tiran bolsas con agua y de vez en cuando intentan echarla, «pero no pueden». En realidad, ya nadie podrá moverla. Porque ni siquiera recuperando a su hija abandonaría su puesto. Su misión de centinela de un delirio.