ELLAS

LOIS BLANCO

GALICIA

Lo dijeron las feministas del siglo XIX: «El lugar de la mujer en la sociedad marca el nivel de civilización». Se promete un mañana que va a necesitar del espíritu feminino, incluso hay quienes apuestan que Ellas predominarán en un futuro no tan lejano en las esferas del poder. Serán, entonces, el primer sexo. Y el título del ensayo de Simone de Beauvoir, El segundo sexo , quedará desfasado. Frente a los augurios más optimistas sobre un futuro prometedor para las mujeres, podemos interrogar al presente: ¿Siempre hay igualdad entre trabajadores y trabajadoras?, ¿reciben la misma educación los niños que las niñas dentro y fuera de sus casas?, ¿qué papel reserva la televisión a las mujeres?... Un palpable avance Al tiempo que, en los últimos años, se ha producido un palpable avance hacia la igualdad real, la sociedad ha acuñado términos como violencia doméstica, de género... Le hemos inventado eufemismos a la injusticia para sobrellevarla mejor. En el fondo de las agresiones contra la mujer, incluidas las de carácter sexual, subyace una educación machista que ha generado unos patrones con los que habría que romper desde la escuela. Pero pasarán años para que desaparezca esa cultura aborrecible. Alguien quiso que el último lugar que ocupase Déborah Fernández en este mundo fuera el de una cuneta asilvestrada, con los hierbajos de la primavera cubriendo su cuerpo terriblemente desfigurado. Su caso, como el de otras Ellas , marca, trágicamente, nuestro nivel de civilización.