DEPORTIVO
24 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Agosto de 1997: A Coruña espera el cierre del mercado de fichajes para saber si José Roberto Gama de Oliveira Bebeto regresa al Deportivo. Lendoiro anuncia un acuerdo y el fichaje de un joven argentino, que acababa de proclamarse campeón sub 20. Diciembre de 1997: Bebeto no aparece, pero sí el Gringo Scaloni (Pujato, 16/07/78), que llega a Galicia acompañado por su inseparable hermano, Mauro. Es un joven lleno de ilusión que se presenta como uno de los revulsivos que deben propiciar que el Dépor, que aquel momento flirteaba con la Segunda División, se mantenga en Primera. No era el astro brasileño, pero poco tardaría en compartir podio con él en el corazón de la afición. Ahí comienza la leyenda de Lionel Sebastián, un joven de Pujato que cuatro años y medio después es uno de los veteranos de un equipo que según afirma, nunca imaginó que «alcanzaría el nivel actual». Y así, el centrocampista italo-argentino cumplió el pasado domingo su partido número cien en la Liga española, algo de lo que se enorgullece, al tiempo que le da un grado mayor de responsabilidad: «Cuando vine era un chico con mucha ilusión y alegría. Ahora, soy uno de los veteranos del vestuario, algo a lo que no renuncio, pero que me responsabiliza más», admite. Sin embargo, es un papel que a Scaloni le gusta asumir, porque se siente «totalmente identificado, con el escudo, los colores y la ciudad». «Soy un coruñés más», admite con orgullo, al tiempo que añade que su gran aspiración es «ocupar el puesto que algún día dejarán Donato, Mauro y Fran», a los que califica como «tres instituciones». «Sueño con ser algún día un digno sucesor de Fran en la capitanía del Dépor», reconoce . No obstante, echando mano de su buen humor, agrega: «Quizá sea más difícil de lo que parece, porque no veo a Donato muy dispuesto a retirarse. Quizá aguante más en activo que yo, con lo que ya no podría ser capitán», bromea. Una meta que se marca en el momento en el que recuerda sus cien partidos en Primera marcados «por la felicidad», que le produce ver cómo llegó a un club «que pasó de atravesar un momento difícil a tutearse con los grandes de Europa». Así transcurrieron un centenar de partidos que le han servido para «madurar, tanto como persona como futbolísticamente», en una carrera en la que el objetivo es «seguir siendo el Leo de pueblo que educó mi familia».