La madre antivicio

La Voz

GALICIA

MONTSE CARNEIRO ÉCHE O QUE HAI Una viguesa denuncia en comisaría a su hijo de 15 años tras encontrarle 150 gramos de hachís en su cuarto

18 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Una vez que se pierde la autoridad paterna, no hay como un buen agente de policía para disuadir al adolescente revirado y convencerlo de que cante los nombres de sus perniciosas amistades. Ya lo dicen los psicólogos: hay dejación de funciones por parte de los padres. Pero las madres... cuidado con ellas, que saben mucho. Por su querencia a curiosear en los cajones de los hijos y porque tienen en la barriga un segundo cerebro de potencia inusitada, del que sacan ideas que la mollera superior, más convencional, no es capaz de elaborar. Eso hizo la viguesa que denunció a su niño de 15 años tras encontrarle en un mal escondite de la habitación 150 gramos de hachís y dos o tres pastillas de éxtasis. Ella sabrá el porqué de esta decisión estrambótica y contra natura, pero la maniobra le salió bien. Un policía entró en el cuarto del chaval, desplegó sus finas artes y salió con una confesión milimétrica. El camello es fulanito, anda por tal sitio y como yo no tenía dinero para pagarle, me dio un poco de droga para mí y otro poco para que se la vendiera. Eso soltó el rapaz, asustado y como arrepentido. Del estómago de la madre salían ruiditos. EL HOSPITAL EQUIVOCADO. Al ferrolano A. G. G. le dolía el corazón, nada de amor, pericarditis; era y es trabajador municipal y su seguro médico sólo cubre asistencias en el Hospital Xeral, así que allá se fue en busca de remedio. Como no se lo dieron y el dolor seguía incordiando, el hombre reculó hasta el Arquitecto Marcide, donde sí lograron dar con el quiz, la pericarditis dichosa. Fue un alivio sentirse en buenas manos, pero hasta lo que es de justicia tiene un precio, los 764 euros que le pide ahora su aseguradora por haberle engañado con otro hospital. OPERACIÓN LOUZERIÑOS. Llegan los cantantes académicos al coliseo coruñés. Salen fotos de una Chenoa de cuatro meses que no para de llorar, y una Gisela de 22 días, hija de sordos y a la que su abuela ve como futura cantaora. Delirante. Molan más Os Louzeriños: Antonio (92 años), caja; Evaristo (78), bombo y gaita; José (61), saxo. Les preparan homenaje. El día 4, en Paredes de Lóuzara. Aforo limitado.