Una historia de desencuentros

La Voz

GALICIA

DOCUMENTACIÓN

05 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Las relaciones personales entre Manuel Fraga y Fernando González Laxe nunca se caracterizaron ni por la fluidez ni por la cordialidad. Pipiolo. El 2 de diciembre de 1989, Fraga, entonces candidato a la presidencia de la Xunta, calificó a su contrincante de «pipiolo» e «indocumentado». En agosto, Laxe había confesado no tener temor a medirse con Fraga: «Representa un concepto caduco, obsoleto, una vuelta al pasado, está en el ocaso de su vida política». Un bolígrafo. González Laxe dejó el 4 de ferebro de 1990 como herencia a Manuel Fraga un bolígrafo con el emblema del Gobierno bávaro en la mesa de su despacho en el palacio de Raxoi. Que se sepa, es el único presente que se han intercambiado los dos políticos. Calladito. El 27 de febrero de 1998, Fraga recomendó a su antecesor que se mantuviera callado. Laxe, que acababa de denuciar «un déficit democrático y de soberanía en Galicia», no fue para Fraga «un moi brillante presidente, nin se recorda que falase deses temas entonces nin que fixera nada por eles, e agora podería calar».