Comienza el derribo de la larga y tricentenaria muralla que separa la ría del centro urbano de la ciudad Su puerto se ha colocado el decimoquinto de la península por tráfico de mercancías, por sus calles pasean casi 3.000 militares de la Armada, a sus aguas le deben el pan cientos de mariscadores y en su costa tiene sede el mayor astillero castrense de España. Así que Ferrol es toda una ciudad marítima. Y, sin embargo, no mira al mar. No mira porque no puede: una gran muralla -se eleva siete metros y a lo largo mide dos kilómetros- separa el casco urbano de la ría. Sucede así desde hace tres siglos, aunque ahora la cosa empieza a cambiar. Esta semana fue derruido un tramo de muro; el próximo año caerán otros 150 metros. Ferrol se abre al mar.
09 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Reinaba Fernando VI y el Ejército era una institución opaca cuando en Ferrol comenzó a construirse el Arsenal: 1750. Por razones de seguridad se amuralló, a lo alto hasta siete metros, y a lo largo. La ciudad dejó de mirar al mar y comenzó a perder su horizonte. La barrera fue sucesivamente ampliada y parcialmente reforzada en cinco ocasiones, la última en el siglo pasado, iniciados los setenta. Hoy separa la ría del casco urbano. Tras él se suceden edificios militares y fabriles, los del astillero Izar (antes Bazán), todos ocultos a la vista y algunos con valor artístico. El sol se pone antes en el Cantón que diez metros más adelante, intramuros. Museo naval Ahora que Juan Carlos I lleva la corona y las fuerzas armadas tratan de sugerirse a la sociedad (han tenido que pasar tres siglos), ese divorcio con el mar araña su fin. Un proyecto conjunto de las administraciones central y autonómica para recuperar como museo naval el edificio de las antiguas Herrerías, ubicado dentro del Arsenal, incluye el derribo parcial de la muralla. Esta semana ya ha caído un paño de cinco metros. La empresa encargada de la operación intentó tirarlo el lunes, tuvo que repetir el martes y al fin consiguió derruirlo el miércoles. A la tercera, la vencida. «Veníamos a cortar piedra y nos encontramos con un emparrillado de acero», dijo un operario. El agujero lo emplearán los camiones para acceder con comodidad a las obras en el recinto de Herrerías. Ya el próximo año otro tramo de 150 metros será sustituido por una verja metálica ornamental. Accediendo al centro de la ciudad desde el barrio de Esteiro podrá divisarse el mar, de nuevo, 250 años más tarde. «Eso es fundamental. Además, el muro es una cosa muy anodina», valora el experto en arquitectura militar Alfredo Vigo Trasancos.