El Ourense prosigue la escalada

X.R. CASTRO OURENSE

GALICIA

MIGUEL VILLAR

La efectividad, el buen juego a ráfagas y la entrega sin límites permitieron a los rojillos superar a un Ponferradina que nunca le perdió la cara al envite El Ourense sigue salvado finales. Ayer lo hizo ante un rival cualificado. Una Ponferradina que nunca le perdió la cara al partido y vendió cara su derrota, pero que acabó sucumbiendo al buen juego -a ráfagas-, a la ingente dosis de lucha y sobre todo, al poder letal en vanguardia del cuadro de Vaz, que en esta ocasión vio como la fortuna se alió en momentos puntuales.

06 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

La primera media hora prometió fútbol. No defraudó. El Ourense tuvo un inicio de lo más inspirado. Con ritmo y con clase, buscando las bandas y encerrando a la Ponferradina en su parcela. Este juego provocó que Golo avisase con un tiro demasiado cruzado y que Nacho fallase lo que no está en los escritos en un mano a mano con el meta Gonzalo. No estaba para perdones Manolo. El catalán encarriló el partido a los 28 minutos con un lanzamiento magistral de falta. Su golpeo puso al Ourense por delante, pero también llenó de dudas el ambiente. Nada más marcar, los rojillos replegaron y los bercianos se fueron arriba con descaro. Con tanto, que Arcadio falló con toda la portería vacía después de un balón al palo de César y que Aiert no acertó en un disparo colocado que salió pegado al palo. El Ourense reclamaba a gritos el descanso -el esfuerzo físico había sido máximo- y Piñeiro Crespo se lo concedió. Le sentó bien a las huestes de Vaz. Salieron bien posicionados y encontraron el camino del gol a las primeras de cambio. El segundo tanto lleva la firma personal de un Golo inmenso. Él solo cortó el balón en medio campo, cruzó el terreno de juego en diagonal y marcó de tiro cruzado con el portero y un defensa delante. De bandera. Quedó entonces tocada la Ponferradina. Su descaro ya no era el mismo. Sin embargo, tuvo tiempo para rehacerse. Pudo meterse en el partido con una cantada defensiva -de las pocas- que no supo concretar Aiert pero lo hizo a falta de 24 minutos con un perfecto golpeo de Fuentes. Entonces el partido se convirtió en un intercambio de golpes continuos. Avisó Golo y respondió César. Ninguno de los dos disparos cogió portería. La única salvedad con respecto al primer tiempo estaba en la disposición del Ourense, mucho mejor plantado, con mayores ganas de balón y presionando cada salida de los bercianos, que recurrían con insistencia a los desplazamientos largos de Vilariño. La táctica no dio resultados. Al contrario, acabó por provocar el efecto contrario. Manolo Pérez encontró espacios en la izquierda para servir un balón a Kiko. El ariete se hizo con el esférico, aguantó la salida de Gonzalo y marcó casi sin ángulo para cerrar el partido e igual el golaveraje. Por primera vez los rojillos encadenan tres victorias consecutivas. El domingo toca el Caudal.