La policía no facilitó detalles sobre la personalidad de Pablo C. M. Se sabe, sin embargo, que se trata de un estudiante del campus lucense, en concreto de Relaciones Laborales. No es un experto informático pero pero sí un «espabilado», como así lo definieron algunos expertos en cuestiones cibernéticas. Al parecer, el programa que manejaba no sólo le copiaba el número de identificación de una tarjeta original, sino que lo hacía con una serie ilimitada, con lo cual siempre tenía crédito en las suyas. Cuando se le acababa, sólo con extraerla de la cabina y volver a introducirla podía seguir haciendo llamadas. Los agentes de la Brigada Judicial le detuvieron en la casa de sus padres y le incautaron diversos programas instalados en el disco duro de un ordenador, los cuales eran utilizados para la programación y falsificación de las tarjetas, así como un programador, un adaptador y otros componentes electrónicos y elementos necesarios para la fabricación de las mismas. Provisión a través de Internet Todo apunta a que los componentes para hacer las tarjetas los compraba a través de Internet, lo mismo que los programas de pirateo. Su función era similar a la que realizan los que piratean las tarjetas de televisión. En este caso, las compañías efectúan barridos periódicos para detectarlos. Telefónica, sin embargo, nada puede hacer desde el momento en que las tarjetas están ya en poder del usuario.